El Vuelo del Fénix

EL VUELO DEL FÉNIX 394 como clase y donde finalmente se nota la falta de una clase media económicamente viable, sólo la pequeña burguesía es capaz de dirigir y usar instrumentos al servicio del estado colonial. La situación colonial –escribe Cabral– que no admite el desarrollo de una gran burguesía indígena y en la que las masas populares en general no alcanzan el grado necesario de conciencia política antes de la aparición del fenómeno de la liberación nacional, ofrece a la pequeña burguesía la oportunidad histórica de liderar la lucha con- tra la dominación extranjera, sea, por sus condiciones objetivas y subjetivas (nivel de vida superior a la de las masas, el contacto más frecuente con los agentes del colonialismo y, por tanto, más oportu- nidades ser humillada, un mayor nivel de educación y cultura, etc.) la capa que se da cuenta más rápidamente de la necesidad de li- berarse de la dominación extranjera. Esta responsabilidad histórica es asumida por el sector de la pequeña burguesía que puede, en el contexto colonial, llamarse revolucionario, mientras que otras zonas permanecen en la duda tan característica de estas clases, o se alían al colonialismo con el fin de defender, aunque sea de forma ilusoria, su situación social (1975: 301). Si para Cabral la pequeña burguesía es, por su situación, la única clase capaz de liderar la lucha de liberación nacional, las caracterís- ticas peculiares de esta clase (ausencia de una base económica que garantice la toma del poder) son una de las debilidades de la lucha de liberación nacional. El día después de la pelea, hay dos opciones para la pequeña burguesía: ya sea seguir libremente sus tendencias natura- les hacia lo burgués y convertirse en una seudo-burguesía que le da la espalda a la lucha; o fortalecer su conciencia revolucionaria e identifi- carse con las clases trabajadoras. En el último caso, no cumple con su verdadera misión si no es “capaz de cometer suicidio como una clase para resucitar plenamente identificada como obrero revolucionario con las aspiraciones del pueblo al que pertenece.” (Cabral 1975: 286). Al abordar el problema de la cultura, en un país bajo el dominio colonial y en lucha por su liberación, Cabral, como buen marxista, percibió la estrecha relación entre la base económica de una sociedad y su superestructura. Su mérito no reside en este reconocimiento, sino en captar la peculiaridad de los fenómenos culturales en su país. Al analizar la relación entre cultura e historia, llegó a la conclusión de que la cultura, como “resultado más o menos consciente de las activi- dades económicas y políticas” (Cabral 1975: 319), y como “expresión más o menos dinámica del tipo las relaciones que prevalecen dentro de esta sociedad, por un lado, entre el hombre (considerado individual o colectivamente) y la naturaleza, y por otro lado, entre individuos,

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