1917

303 Toda la esencia de la política de los Liberdán y los Chernov, así como de los eseristas y mencheviques «izquierdistas», consiste en vacilar . Los eseristas de izquierda y los mencheviques interna- cionalistas tienen inmensa importancia política como exponentes de que las masas se radicalizan . Existe un nexo indudable, evidente, entre dos hechos: de una parte, el paso de cerca de 40% de los men- cheviques y eseristas al campo de los izquierdistas; de otra parte, la insurrección campesina. Pero precisamente el carácter de este nexo pone al desnudo todo el abismo de pusilanimidad de quienes tienen ahora la ocu- rrencia de gimotear porque el CEC, podrido en vida, o los eseristas de izquierda vacilantes y comparsa, nos han atacado. Estas vacila- ciones de los líderes pequeñoburgueses, de los Mártov, los Kamkov, los Sujánov y Compañía, deben ser confrontadas con la insurrec- ción de los campesinos. Esa es una confrontación política real . ¿Con quién ir? ¿Con los exiguos puñados de líderes petrogradenses vacilantes, que indirectamente han expresado la radicalización de las masas y que, ante cada viraje político, han gimoteado, vacilado y corrido de una manera vergonzosa a pedir perdón a los Liberdán, los Avxéntiev y Compañía, o con esas masas radicalizadas ? Así, y solo así, está planteada la cuestión. Con motivo de la traición de los Mártov, los Kamkov y los Sujánov a la insurrección campesina se nos propone que la traicio- nemos también nosotros, el partido obrero de los internacionalistas revolucionarios. A eso se reduce la política de «invocar» a los eseristas de izquierda y a los mencheviques internacionalistas. Pero nosotros hemos dicho: para ayudar a los vacilantes es preciso que nosotros mismos dejemos de vacilar. ¡Estos «simpá- ticos» demócratas pequeñoburgueses de izquierda han vacilado in- cluso cuando había que pronunciarse a favor de la coalición! Los llevamos, en fin de cuentas, tras nosotros porque nosotros mismos no vacilamos. Y la vida nos ha dado la razón. Estos señores han hundido siempre la revolución con sus vacila- ciones. Solamente nosotros la hemos salvado. ¿Y vamos a ceder ahora, cuando el hambre llama a las puertas de Petrogrado, y Rodzianko y Compañía. se disponen a entregar la ciudad?

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