1917

301 ¡Olvidemos eso, abjuremos de todo eso y esperemos! ¿Esperar qué? Esperar un milagro: que el tempestuoso y catastrófico curso de los acontecimientos desde el 20 de abril hasta el 29 de agosto se trans- forme (con motivo de la prolongación de la guerra y del aumento del hambre) en convocación pacífica, tranquila, llana y legal de la Asamblea Constituyente y en cumplimiento de sus legitimísimos acuerdos. ¡Ahí tienen la táctica «marxista»! ¡Esperen, hambrientos, Kerenski ha prometido convocar la Asamblea Constituyente! … En la situación internacional no hay nada, en realidad, que nos obligue a echarnos a la calle inmediatamente; más bien causaremos un perjuicio a la causa de la revolución socialista en Occidente si nos dejamos ametrallar… Este argumento es verdaderamente magnífico: ¡«el propio» Scheidemann, «el propio» Renaudel no habrían sabido «operar» más hábilmente con las simpatías que sienten los obreros por el éxito de la revolución socialista internacional! ¡Imagínense! Los alemanes, en condiciones diabólicamente difíciles, con un solo Liebknecht (y, además, en presidio); sin pe- riódicos, sin libertad de reunión, sin Soviets; con una hostilidad increíble de todas las clases de la población, incluido el último cam- pesino acomodado, a la idea del internacionalismo; con una for- midable organización de la burguesía imperialista grande, media y pequeña; los alemanes, es decir, los revolucionarios internacionalistas alemanes, los obreros con chaquetones de marinos, han organizado una sublevación en la flota con 1% de probabilidades de éxito. Nosotros, en cambio, con decenas de periódicos, con li- bertad de reunión, con la mayoría en los Soviets; nosotros, los inter- nacionalistas proletarios colocados en las mejores condiciones de todo el mundo, nos negaremos a apoyar con nuestra insurrección a los revolucionarios alemanes. Razonaremos como los Scheidemann y los Renaudel: lo más sensato es no insurreccionarse, pues si nos ametrallan, ¡qué excelentes, qué juiciosos, qué ideales internaciona- listas perderá el mundo!

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