1917

300 ¿O es que el hambre accederá a esperar por el hecho de que nosotros, los bolcheviques, proclamemos la confianza en la convo- cación de la Asamblea Constituyente? ¿Accederán a esperar los al- mirantes escondidos? ¿Accederán los Maklákov y los Rodzianko a cesar los lockouts , el sabotaje del transporte de cereales, las confabu- laciones secretas con los imperialistas ingleses y alemanes? Porque eso es lo que les resulta a los héroes de «las ilusiones constitucionales» y del cretinismo parlamentario. La vida real des- aparece, solo queda el pedazo de papel sobre la convocación de la Asamblea Constituyente, solo quedan las elecciones. ¡Y los ciegos todavía se admiran de que el pueblo hambriento y los soldados traicionados por los generales y los almirantes sientan indiferencia por las elecciones! ¡Oh, mentes preclaras! … Si los kornilovistas empezaran de nuevo, ¡entonces les en- señaríamos lo que es bueno! Pero empezar nosotros, ¿para qué arriesgarse?… ¡Qué extraordinariamente convincente y revolucionario es eso! La historia no se repite, pero si le volvemos la espalda y, con- templando la primera korniloviada, afirmamos: «si los kornilovistas empezaran…»; si hacemos eso, ¡qué excelente estrategia revolucio- naria! ¡Cómo se parece al «quizá y tal vez»! ¡Quizá los kornilovistas empiecen de nuevo a destiempo! ¿Verdad que es un «argumento» de peso? ¿Verdad que es una seria fundamentación de la política proletaria? Pero ¿y si los kornilovistas del segundo reemplazo han apren- dido algo? ¿Y si esperan a los motines de hambrientos, a la ruptura del frente y la entrega de Petrogrado, sin empezar antes? Entonces, ¿qué? ¡Se nos propone que basemos la táctica del partido proletario en la posibilidad de que los kornilovistas repitan uno de sus viejos errores! Olvidemos todo lo que han tratado de demostrar y han de- mostrado los bolcheviques centenares de veces, lo que ha demos- trado medio año de historia de nuestra revolución: que no hay otra salida, que objetivamente no puede haber otra salida excepto la dictadura de los kornilovistas o la dictadura del proletariado.

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