1917

285 no solo que los eseristas oficiales, que soportan a Kerenski se han convertido en un partido antipopular , anticampesino , contrarrevolu- cionario , sino también que toda la revolución rusa ha llegado a un momento de viraje? ¡Una insurrección campesina en un país campesino contra el gobierno de Kerenski, eserista, de Nikitin y Gvózdiev, menche- viques, y de otros ministros representantes del capital y de los in- tereses terratenientes! ¡Y esa insurrección es aplastada con medidas militares por un gobierno republicano! ¿Es que se puede, ante tales hechos, ser un partidario honesto del proletariado y negar que la crisis ha madurado, que la revolu- ción experimenta un grandioso viraje, que la victoria del gobierno sobre la insurrección campesina significaría ahora el entierro defi- nitivo de la revolución, el triunfo definitivo de la korniloviada? III Se cae por su propio peso que si en un país agrario, después de siete meses de república democrática, se ha podido llegar a una insurrección campesina, dicha insurrección demuestra irrefuta- blemente la bancarrota nacional de la revolución, su crisis, que ha alcanzado una fuerza sin igual, y el acercamiento de las fuerzas con- trarrevolucionarias a la última línea . Ante un hecho como la insurrección campesina, todos los demás síntomas políticos, incluso si contradijesen a esta madu- ración de la crisis nacional, no tendrían absolutamente ninguna importancia. Pero, por el contrario, todos los síntomas muestran precisa- mente que la crisis nacional ha madurado. Después del problema agrario, en la vida estatal de toda Rusia tiene una importancia particularmente grande, sobre todo para las masas pequeñoburguesas de la población, el problema na- cional. Y vemos que en la Conferencia «Democrática», amañada por el señor Tsereteli y Compañía, la curia «nacional» ocupa el se- gundo lugar por su radicalismo, cediendo únicamente a las organi- zaciones sindicales y figurando por encima de la curia de los Soviets

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