1917
284 revolución, juntamente con los Soviets, el gobierno de los capi- talistas y terratenientes. Tal es la amarga y terrible realidad. ¿Qué tiene, pues, de sorprendente que en Rusia, dadas las inauditas cala- midades que acarrean al pueblo la prolongación de la guerra y sus consecuencias, haya empezado y crezca la insurrección campesina? ¿Qué tiene, pues, de sorprendente que los enemigos de los bolcheviques, los jefes del partido eserista oficial —el mismo que ha apoyado constantemente a la «coalición», el mismo que hasta los últimos días o las últimas semanas tenía a su lado la mayoría del pueblo, el mismo que continúa censurando y acosando a los «nuevos» eseristas que se han convencido de la traición que repre- senta a los intereses del campesinado la política de la coalición—; qué tiene de sorprendente que esos jefes del partido eserista oficial escriban el 29 de septiembre en el artículo de fondo de su órgano oficial, Dielo Naroda , lo siguiente: … Hasta este momento no se ha hecho casi nada para acabar con las relaciones de avasallamiento que siguen dominando aún en el campo, precisamente en el centro de Rusia… La ley de ordena- ción de las relaciones agrarias en el campo, presentada hace mucho al Gobierno Provisional y aprobada incluso por un purgatorio como la Conferencia Jurídica, se ha atascado irremisiblemente en ciertas oficinas… ¿Acaso no tenemos razón al afirmar que nuestro gobierno republicano está muy lejos todavía de haberse desem- barazado de los viejos hábitos de la administración zarista, que los procedimientos stolypinianos se dejan sentir aún con mucha fuerza en los métodos de los ministros revolucionarios? ¡Así escriben los eseristas oficiales! Imagínense: ¡los partida- rios de la coalición se ven obligados a reconocer que, después de siete meses de revolución en un país campesino, «no se ha hecho casi nada para acabar con el avasallamiento» de los campesinos, con su sojuzgamiento por los terratenientes! Esos eseristas se ven obligados a denominar stolipinianos a su colega Kerenski y a toda su banda de ministros. ¿Puede haber un testimonio más elocuente del campo de nues- tros enemigos que confirme no solo que la coalición está en bancarrota,
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