1917

276 en que la actividad de la vanguardia del pueblo sea mayor, en que mayores sean las vacilaciones en las filas de los enemigos y en las filas de los amigos débiles, a medias, indecisos, de la revolución . Esto en tercer lugar. Estas tres condiciones, previas al planteamiento del problema de la insurrección, son las que precisamente diferencian el marxismo del blanquismo . Pero, si se dan estas condiciones, negarse a tratar la insurrec- ción como un arte equivale a traicionar el marxismo y a traicionar la revolución. Para demostrar que el momento actual es precisamente el momento en que el Partido está obligado a reconocer que la insu- rrección ha sido puesta al orden del día por la marcha objetiva de los acontecimientos y que la insurrección debe ser considerada como un arte, para demostrarlo, acaso sea lo mejor emplear el método comparativo y trazar un paralelo entre las jornadas del 3 y 4 de julio y las de septiembre. El 3 y 4 de julio se podía, sin faltar a la verdad, plantear el problema así: lo justo era tomar el poder, pues, de no hacerlo, los enemigos nos acusarán igualmente de insurrectos y nos tratarán como a tales. Pero de aquí no se podía llegar a la conclusión de que hubiera sido conveniente tomar el poder en aquel entonces, pues a la sazón no existían las condiciones objetivas necesarias para que la insurrección pudiera triunfar. 1. No teníamos todavía con nosotros a la clase que es la van- guardia de la revolución. No contábamos todavía con la mayoría de los obreros y soldados de las capitales. Hoy tenemos ya la mayoría en ambos Soviets. Es fruto, solo de la historia de julio y agosto, de la experiencia de las «represalias» contra los bolcheviques y de la experiencia de la kornilovada. 2. No existía entonces un ascenso revolucionario de todo el pueblo. Hoy existe, después de la kornilovada. Así lo de- muestra el estado de las provincias y la toma del poder por los Soviets en muchos lugares.

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