1917

269 manos de la clase más revolucionaria, a fin de pasar con la mayor rapidez y decisión a un modo de producción más elevado. En virtud de diversas causas históricas —el mayor atraso de Rusia, las dificultades especiales que presentaba para ella la guerra, la mayor putrefacción del régimen zarista y la extraordinaria vivacidad de las tradiciones de 1905—, la revolución ha estallado en Rusia antes que en ningún otro país. La revolución ha hecho que, en algunos meses, Rusia alcance por su régimen político a los países adelantados. Pero esto no basta. La guerra es implacable y plantea la cuestión con despiadada agudeza: perecer o alcanzar y sobrepasar también económicamente a los países adelantados. Y esto es posible, pues contamos con la experiencia vivida por un gran número de países adelantados y con las realizaciones de su téc- nica y de su cultura. Nos sirven de apoyo moral la creciente protesta en Europa contra la guerra y el clima de revolución obrera mundial en ascenso. Nos estimula y acucia la libertad democrático-revolucio- naria, extraordinariamente rara en una época de guerra imperialista. Perecer o avanzar a todo vapor. Así plantea la historia la cuestión. Y la posición del proletariado ante el campesinado en un momento así confirma —con la variación correspondiente— la vieja tesis bolchevique: arrancar al campesinado de la influencia de la burguesía. Esa es la única garantía de salvar la revolución. Y el campesinado es el representante más numeroso de toda la masa pequeñoburguesa. Nuestros eseristas y mencheviques han asumido una misión reaccionaria: mantener al campesinado bajo la influencia de la bur- guesía y llevarlo a una coalición con ella y no con el proletariado. La experiencia de la revolución enseña con rapidez a las masas. Y la política reaccionaria de los eseristas y los mencheviques fracasa: han sido derrotados en los Soviets de las dos capitales 9 . En ambos partidos democrático-pequeñoburgueses crece la oposición de «iz- quierda». En Petrogrado, la conferencia local de los eseristas dio el 10 de septiembre de 1917 una mayoría de dos tercios a los izquierdistas , 9 Se alude al paso de los Soviets a manos de los bolcheviques: el de Petrogrado, el 31 de agosto (13 de septiembre), y el de Moscú, el 5 (18) de septiembre de 1917.

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