1917
267 años Francia no se limitó a eso). No puede hacerse siquiera con la sola abolición por vía revolucionaria de la gran propiedad terrate- niente (¡nosotros ni siquiera eso hemos hecho, pues los eseristas y los mencheviques han traicionado a los campesinos!), ni con la sola entrega de la tierra a los campesinos, pues vivimos en el siglo XX, y dominar la tierra sin dominar los bancos no basta para regenerar y renovar la vida del pueblo. La renovación de las condiciones materiales, la renovación de las condiciones de la producción en Francia, a fines del siglo XVIII, fue unida a su renovación política y espiritual, a la dictadura de la democracia revolucionaria y del proletariado revolucionario (del que la democracia no se había separado aún y que todavía es- taba casi fundido con ella), a la guerra sin cuartel declarada a todo lo reaccionario. En el pueblo todo, y principalmente en las masas, es decir, en las clases oprimidas , prendió un entusiasmo revolucio- nario ilimitado; todo el mundo consideraba la guerra, y lo era en realidad , una guerra justa, defensiva. La Francia revolucionaria se defendía contra la Europa reaccionaria y monárquica. No fue en 1792-1793, sino muchos años más tarde, después de triunfar la re- acción en el interior del país, cuando la dictadura contrarrevolucio- naria de Napoleón transformó las guerras defensivas sostenidas por Francia en guerras de conquista. ¿Y en Rusia? Nosotros continuamos manteniendo una guerra imperialista en interés de los capitalistas, aliados con los imperialistas y en virtud de los tratados secretos concluidos por el zar con los ca- pitalistas de Inglaterra, etc., prometiendo en ellos a los capitalistas rusos el saqueo de otros países, Constantinopla, Lvov, Armenia, etc. Mientras nuestro país no brinde a los demás una paz justa y no rompa con el imperialismo, la guerra seguirá siendo, por parte de Rusia, una guerra injusta y reaccionaria, una guerra de conquista. El carácter social de la guerra, su verdadera significación no son de- terminados (como piensan los eseristas y los mencheviques, descen- diendo hasta la vulgaridad de un mujik ignorante) por el lugar en que se encuentran las tropas enemigas. El carácter social de la guerra depende de qué política continúa («la guerra es la continuación de la política»), de cuál clase la mantiene y de los fines que con ella persigue.
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