1917
260 los bienes la ocultación de los ingresos, etc., los obreros y campe- sinos, agrupados en sus asociaciones podrían, con extraordinaria facilidad, hacer el control eficaz y universal, establecer el control precisamente sobre los ricos, un control que reintegraría al Tesoro público el papel moneda, por él emitido, de manos de quienes lo tienen en su Poder, de quienes lo ocultan. Mas para ello hay que instaurar una dictadura revolucionaria de la democracia, dirigida por el proletariado revolucionario, es decir, que para ello la democracia debe ser revolucionaria de hecho . Ese es el quid de la cuestión. Pero eso es lo que no quieren nuestros eseristas y nuestros mencheviques, que se encubren con el pabellón de la «de- mocracia revolucionaria» para engañar al pueblo, y de hecho apoyan la política burocrática reaccionaria de la burguesía, cuya divisa es siempre la misma: « Après nous le déluge » (¡Después de mí, el diluvio!). Generalmente no nos damos cuenta de hasta qué punto han arraigado en nosotros las costumbres y los prejuicios antidemocrá- ticos en cuanto a la «santidad» de la propiedad burguesa. Cuando un ingeniero o un banquero dan a la publicidad los ingresos y los gastos de un obrero, los datos referentes a lo que un obrero gana y a lo que su trabajo rinde, todo eso se considera perfectamente justo y archi- legal. A nadie se le ocurre ver en ello un atentado contra la «vida privada» del obrero ni un «acto de espionaje o una delación» del ingeniero. La sociedad burguesa considera el trabajo y los ingresos de los obreros asalariados como un libro abierto que le pertenece , que cualquier burgués tiene el derecho a consultar en cualquier momento a fin de denunciar uno u otro «lujo», una u otra manifestación de «haraganería» del obrero, etc. Pero ¿y el control inverso? ¿Qué pasaría si el Estado democrá- tico invitase a los sindicatos de empleados, del personal de oficinas, de la servidumbre doméstica a controlar los ingresos y los gastos de los capitalistas, a publicar los datos correspondientes, a ayudar al gobierno en su campaña contra la ocultación de los ingresos? ¡Qué salvajes clamores lanzaría el campo burgués contra el «espionaje» y las «delaciones»! Que los «señores» controlen a sus do- mésticas, que los capitalistas controlen a los obreros, se tiene por la cosa más natural del mundo, pues la vida privada de los trabajadores,
RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=