1917

245 ción de bienes y el fusilamiento 5 para castigar las ocultaciones y los fraudes contra el pueblo y organizase el control y la fiscalización desde abajo , de un modo democrático, por el propio pueblo, por los sindicatos de empleados, por los sindicatos obreros, por las asocia- ciones de consumidores, etc. Nuestros eseristas y nuestros mencheviques se han hecho so- bradamente acreedores al nombre de demócratas atemorizados, pues, en este problema, no hacen más que repetir lo que dicen todos los pequeñoburgueses atemorizados: que los capitalistas «huirían» si se aplicasen medidas «demasiado rigurosas»; que «nosotros» no po- dríamos salir adelante sin los capitalistas; que, probablemente, esas medidas «ofenderían» también a los millonarios anglo-franceses, quienes, como es sabido, nos «apoyan», etc. Podría creerse que los bolcheviques proponen una cosa jamás vista en la historia de la humanidad, jamás ensayada, «utópica», cuando, en realidad, hace ya más de ciento veinticinco años, en Francia, unos hombres que eran verdaderos «demócratas revolucionarios», unos hombres realmente convencidos del carácter justo y defensivo de la guerra que hacían, unos hombres que verdaderamente se apoyaban en las masas popu- lares, sinceramente convencidas de lo mismo que ellos, supieron im- plantar un control revolucionario sobre los ricos y obtener resultados que dejaron admirado al mundo entero. Y en los ciento veinticinco años que van transcurridos desde entonces, el desarrollo del capita- lismo, con la creación de bancos, consorcios capitalistas, ferrocarriles, etc., ha hecho cien veces más fáciles y más simples las medidas de un control verdaderamente democrático de los obreros y los campesinos sobre los explotadores, sobre los terratenientes y los capitalistas. En el fondo, todo el problema del control se reduce a saber quién fiscaliza a quién, es decir, cuál clase es la fiscalizadora y cuál la fiscalizada. Hasta hoy, en nuestro país, en la Rusia republicana, con la cooperación de los «organismos competentes» de una pretendida democracia revolucionaria, se sigue reconociendo y dejando en el 5 En la prensa bolchevique tuve ya ocasión de señalar que la aplicación de la pena de muerte por los explotadores contra las masas trabajadoras, para defender la explotación, es el único argumento justo que puede invocarse contra la pena capital. Un gobierno revolucionario, sea el que sea, difícilmente podrá prescindir de la pena de muerte contra los explotadores (es decir, contra los terratenientes y los capitalistas) (Nota del autor).

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