1917

244 La economía capitalista «al servicio de la guerra» (es decir, la economía directa o indirectamente relacionada con los suministros bélicos) es la dilapidación del Tesoro sistemática y legalizada, y los se- ñores demócratas-constitucionalistas, y con ellos los mencheviques y los eseristas, que se oponen a la abolición del secreto comercial, no son más que cómplices y encubridores de la dilapidación del Tesoro . La guerra cuesta hoy a Rusia 50 millones de rublos diarios. La mayor parte de esos 50 millones va a parar a manos de los pro- veedores del ejército. De estos 50 millones, 5 millones diarios , por lo menos, probablemente hasta 10 millones o aún más, cons- tituyen «los ingresos no pecaminosos» de los capitalistas y de los funcionarios que, de un modo u otro, están confabulados con ellos. Son sobre todo las grandes compañías y los bancos, que adelantan el dinero para las operaciones de suministros de guerra, quienes se embolsan de este modo ganancias inauditas, y lo hacen preci- samente dilapidando el Tesoro, pues no puede darse otro nombre a sus manejos para engañar y esquilmar al pueblo «con motivo» de las calamidades de la guerra, «con motivo» de la muerte de cientos de miles y millones de hombres. «Todo el mundo» sabe de esas ganancias escandalosas ama- sadas con los suministros de guerra, «todo el mundo» sabe de las «cartas de garantía» ocultadas por los bancos, «todo el mundo» sabe quiénes se enriquecen a costa de la carestía, cada vez mayor; en la «sociedad» se habla de ello con una sonrisilla irónica, y hasta la prensa burguesa, que por lo general silencia los hechos «desagradables» y elude los problemas «delicados», contiene no pocas alusiones con- cretas a esos asuntos. ¡Todo el mundo lo sabe y todo el mundo lo calla y lo tolera, todo el mundo transige con el gobierno, que habla grandilocuentemente acerca del «control» y de la «reglamentación»! Los demócratas revolucionarios, si fuesen revolucionarios y demócratas de verdad, dictarían inmediatamente una ley supri- miendo el secreto comercial, obligando a los proveedores y a los negociantes a rendir cuentas, prohibiéndoles cambiar de actividad sin permiso de las autoridades; una ley que decretase la confisca-

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