1917

243 garantiza el secreto comercial no tiende a proteger las necesidades de la producción o el intercambio, sino que sirve a la especulación y al lucro en su forma más brutal, al fraude descarado, que, como se sabe, está particularmente extendido en las sociedades anónimas y se encubre con gran habilidad en las memorias y en los balances, aderezados cuidadosamente para engañar al público. Si en la pequeña producción de mercancías, es decir, entre los pequeños campesinos y los artesanos, donde la producción no está socializada sino atomizada, dispersa, el secreto comercial es in- evitable, en las grandes empresas capitalistas, por el contrario, pro- teger ese secreto es proteger los privilegios y las ganancias de un puñado, así literalmente, de un puñado de hombres, contra todo el pueblo. Eso lo reconocen ya hasta las leyes, por cuanto prescriben la publicación de las memorias de las sociedades anónimas. Pero este control, implantado en todos los países avanzados y que rige también en Rusia, es precisamente un control burocrático reac- cionario, que no abre los ojos al pueblo ni le permite saber toda la verdad acerca de las operaciones de esas sociedades. Para proceder como demócratas revolucionarios habría que dictar sin demora una ley de carácter distinto, aboliendo el secreto comercial, obligando a las grandes empresas y a los ricos a rendir cuentas con todo detalle y autorizando a cualquier grupo de ciuda- danos lo suficientemente numeroso para considerarlo democrático (digamos de unos 1.000 a 10.000 electores) a comprobar todos los documentos de cualquier gran empresa. Esta medida es plena y fá- cilmente aplicable por simple decreto; y solo ella daría vía libre a la iniciativa popular en el control por los sindicatos de empleados, por los sindicatos obreros, por todos los partidos políticos; solo ella haría que el control fuese eficaz y democrático. A esto viene a añadirse la guerra. La inmensa mayoría de las empresas comerciales e industriales no trabajan hoy para el «mercado libre» sino para el Estado , para la guerra. Por eso yo hube de decir en Pravda que mienten, y que mienten tres veces quienes pretenden ata- jarnos con el argumento de que no es posible implantar el socialismo, pues no se trata de implantar el socialismo ahora, en el acto, de la noche a la mañana, sino de descubrir la dilapidación del Tesoro .

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