1917
242 que más han contribuido a que el gobierno Kerenski, tan sumiso al capital, suspendiese el periódico), ni nuestro gobierno republicano, ni los «organismos competentes de la democracia revolucionaria» han parado siquiera mientes en esta exigencia elemental de todo control verdadero. Aquí, precisamente, está la clave de todo control. Este, preci- samente, es el punto más sensible del capital, que saquea al pueblo y sabotea la producción. Por esta razón, precisamente, los eseristas y los mencheviques no se atreven a tocar este punto. El argumento acostumbrado de los capitalistas, que la pe- queña burguesía repite sin pararse a pensar, consiste en decir que la economía capitalista no admite en absoluto la abolición del secreto comercial, porque la propiedad privada sobre los medios de produc- ción y la supeditación de las distintas empresas al mercado imponen la «sacrosanta intangibilidad» de los libros y de las operaciones comerciales, incluidas, naturalmente, las operaciones bancarias. Todo el que repita, bajo una u otra forma, este argumento u otro semejante, se engaña a sí mismo y engaña al pueblo, cerrando los ojos ante dos hechos fundamentales, importantísimos y universalmente conocidos, de la vida económica actual. El primero es el gran capita- lismo, es decir, las peculiaridades económicas de los bancos, los consor- cios capitalistas, las grandes empresas, etc. El segundo es la guerra. Es precisamente el gran capitalismo moderno, que por todas partes se está convirtiendo en capitalismo monopolista, el que priva de toda sombra de razón al secreto comercial y lo convierte en una hipocresía, en un instrumento manejado exclusivamente para ocultar las trampas financieras y las ganancias inauditas del gran capital. La gran empresa capitalista es, por su mismo carácter técnico, una em- presa socializada, es decir, que trabaja para millones de hombres y que asocia con sus operaciones, directa e indirectamente, a cientos, miles y decenas de miles de familias. ¡Es algo muy distinto de la ha- cienda del pequeño artesano o del campesino medio que, en general, no llevan ningún género de libros comerciales y a quienes, por tanto, no afecta para nada la abolición del secreto comercial! En la gran empresa, las operaciones realizadas son de todos modos conocidas por cientos y cientos de personas. Aquí, la ley que
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