1917

241 que ha cambiado ha sido el membrete de los papeles que salen y entran en las oficinas «republicanas»! En la industria del carbón, no menos «preparada», por su nivel técnico y cultural, para la nacionalización y administrada con la misma desvergüenza por los saqueadores del pueblo, por los reyes del carbón, podemos registrar numerosos y muy evidentes hechos de sabotaje descarado, de franco deterioro y paralización de la produc- ción por los industriales. Hasta un órgano ministerial, la Rabóchaya Gazeta de los mencheviques, ha tenido que confesar esos casos. ¿Y qué se ha hecho? Absolutamente nada; no se ha hecho más que re- unir los antiguos comités «paritarios» burocrático-reaccionarios, ¡formados, en partes iguales, por representantes de los obreros y de los bandidos del consorcio hullero! ¡No se ha dado ni un solo paso democrático-revolucionario; no se ha hecho ni un asomo de tentativa para implantar el único control real, el control desde abajo , a través del sindicato de empleados, a través de los obreros, aterrorizando a esos industriales hulleros, que llevan al país a la ruina y paralizan la producción! ¿Cómo se puede hacer eso? «¡Todos» somos partidarios de la «coalición», si no con los demócratasconstitucionalistas, por lo menos con los círculos comerciales e industriales, y la coalición signi- fica precisamente dejar el poder en manos de los capitalistas, dejarles maniobrar impunemente, dejarles obstaculizar, dejarles inculpar de todo a los obreros, agudizar el desbarajuste y preparar de este modo una nueva korniloviada! Abolición del secreto comercial Sin la abolición del secreto comercial, el control de la pro- ducción y de la distribución o bien no irá más allá de una promesa vacua, útil tan solo para que los demócratas constitucionalistas en- gañen a los eseristas y a los mencheviques y éstos, a su vez, a las clases trabajadoras, o bien se llevará a cabo únicamente con medidas y procedimientos burocrático-reaccionarios. Y a pesar de que esto es evidente para cualquier persona sin prejuicios, a pesar de la tena- cidad con que Pravda ha venido preconizando la necesidad de abolir el secreto comercial (campaña que ha sido, por cierto, una de las

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