1917
240 y aumentar la producción del combustible. Huelga decir que un control burocrático no serviría de nada ni haría cambiar nada, pues a los Teréschenko y a los Kerenski, a los Avxéntiev y a los Skóbe- liev, los «reyes del petróleo» los vencerán con la misma facilidad con que vencían a los ministros zaristas; y lo harán primero con largas, con excusas y promesas y luego con el soborno directo e in- directo de la prensa burguesa (la llamada «opinión pública» a la que tanto «tienen en cuenta» los Kerenski y los Avxéntiev) y de los funcionarios públicos (a quienes los Kerenski y los Avxéntiev dejan tranquilos en sus antiguos puestos en el aparato estatal, hasta ahora intacto, del viejo régimen). Para hacer algo serio, hay que pasar de la burocracia a la democracia, y hay que pasar por procedimientos verdaderamente re- volucionarios, es decir, declarando la guerra a los reyes del petróleo y a los accionistas, decretando la confiscación de bienes y el encarcela- miento de todo el que dé largas a la nacionalización de la industria del petróleo, oculte los ingresos o falsee los balances, sabotee la pro- ducción o no adopte las medidas conducentes a elevarla. Hay que apelar a la iniciativa de los obreros y los empleados, convocarlos a ellos inmediatamente a conferencias y congresos y poner en sus manos una determinada parte de las ganancias, a condición de que se hagan cargo del control en todos sus aspectos y velen por el aumento de la producción. Si esos pasos democrático-revolucionarios se hubiesen dado sin dilación, inmediatamente, en abril de 1917, Rusia, uno de los países más ricos del mundo por sus reservas de combustible lí- quido, hubiese podido hacer mucho, muchísimo, durante el verano, para abastecer por vía acuática al pueblo del combustible necesario. Ni el gobierno burgués ni el gobierno de coalición eserista- menchevique-democonstitucionalista han hecho absolutamente nada; se han limitado a jugar burocráticamente a las reformas. No se han atrevido a dar un solo paso democrático-revolucionario. Los mismos reyes del petróleo y el mismo estancamiento, el mismo odio de los obreros y empleados contra los explotadores, la misma desorganización, fruto obligado de todo ello; el mismo despilfarro de trabajo del pueblo; todo sigue como bajo el zarismo; ¡lo único
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