1917
239 Estado controlaba y regulaba la producción en interés de los mag- nates, de los ricachones. En este caso, bastaría con transformar la regulación burocrá- tica reaccionaria en revolucionaria democrática mediante simples decretos que convocasen un congreso de empleados, ingenieros, di- rectores y accionistas, implantasen un sistema único de rendición de cuentas, el control de los sindicatos obreros, etc. Es la cosa más sencilla que puede concebirse, ¡y, sin embargo, no se hace! La re- pública democrática sigue respetando, de hecho , la regulación bu- rocrática reaccionaria de la industria del azúcar, y todo sigue como antes: despilfarro de trabajo del pueblo, estancamiento y rutina, enriquecimiento de los Bóbrinski y los Teréschenko. Llamar a la democracia, y no a la burocracia, a los obreros y los empleados, y no a los «reyes del azúcar», a que desplieguen su iniciativa propia: eso es lo que hubiera podido y debido hacerse en unos cuantos días, de un solo golpe, si los eseristas y los mencheviques no hubiesen em- pañado la conciencia del pueblo con sus planes de «coalición» con esos mismos reyes del azúcar, de esa coalición con los ricachones por cuya causa y en virtud de la cual la «pasividad completa» del gobierno en cuanto a la reglamentación de la vida económica es completamente inevitable 4 . Fijémonos en la industria del petróleo. Esta industria ha sido ya «socializada» en escala gigantesca por el desarrollo anterior del capitalismo. Dos o tres reyes del petróleo manejan millones y cientos de millones, dedicándose a cortar cupones y a embolsarse ganancias fabulosas de un «negocio» que ya hoy está, de hecho, téc- nica y socialmente organizado en escala nacional y es dirigido ya por cientos y miles de empleados, ingenieros, etc. La nacionaliza- ción de la industria del petróleo puede implantarse inmediatamente y es, además, una medida obligada para un Estado democrático- revolucionario, sobre todo si ese Estado atraviesa por una crisis gravísima, en la que urge ahorrar a todo trance trabajo del pueblo 4 Escritas estas líneas, leo en la prensa que el gobierno Kerenski implanta el monopolio del azúcar; ¡huelga decir que lo implanta de un modo burocrático reaccionario, sin reunir en congresos a los empleados y obreros, sin publicidad, sin meter en cintura a los capitalistas! (Nota del autor).
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