1917
238 las primas del seguro, supondría numerosas ventajas y facilidades para todos los asegurados y permitiría aumentar la esfera de acti- vidad de éstos con el mismo gasto de medios y energías. Fuera de la inercia, la rutina y el egoísmo de un puñado de personas colocadas en puestos lucrativos, no hay absolutamente nada que se oponga a esta reforma que, además, vendría a reforzar la «capacidad defensiva» del país, ahorrando trabajo del pueblo y abriendo, no de palabra, sino de hecho, muchas y muy importantes posibilidades para la «re- gulación de la vida económica». La nacionalización de los consorcios capitalistas El capitalismo se distingue de los antiguos sistemas económicos precapitalistas en que ha creado el más íntimo enlace y la más estrecha interdependencia entre las distintas ramas de la economía nacional. Si no fuese así, sería técnicamente imposible —dicho sea de paso— el menor avance hacia el socialismo. Con su predominio de los bancos sobre la producción, el capitalismo moderno ha llevado a su punto culminante esa interdependencia entre las distintas ramas de la eco- nomía nacional. Los bancos se hallan indisolublemente entrelazados con las ramas más importantes de la industria y del comercio. Eso quiere decir, de una parte, que no es posible nacionalizar solo los bancos, sin tomar medidas encaminadas a implantar el monopolio de Estado sobre los consorcios comerciales e industriales (el del azúcar, el del carbón, el del hierro, el del petróleo, etc.), sin nacionalizar estos consorcios. Eso quiere decir, de otra parte, que la regulación de la vida económica, si se lleva a cabo seriamente, exige a un mismo tiempo la nacionalización de los bancos y la nacionalización de los consorcios. Tomemos, por ejemplo, el consorcio del azúcar. Este consorcio se creó ya bajo el zarismo y dio origen a una gran agrupación capitalista de fábricas magníficamente montadas; y esta asociación, empapada, como es lógico, del espíritu más reaccionario y burocrático, garan- tizaba a los capitalistas ganancias escandalosas, mientras para los obreros y empleados significaba la absoluta privación de derechos y un régimen de humillación, opresión y esclavitud. Ya entonces el
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