1917

237 Tanto Estados Unidos como Alemania «regulan la vida económica» haciendo todo por crear para los obreros (y en parte también para los campesinos) un presidio militar y para los ban- queros y capitalistas un paraíso . Toda su reglamentación consiste en «apretar» a los obreros hasta llevarlos al hambre, mientras que a los capitalistas se les garantizan (bajo cuerda, por vía reaccionaria burocrática) ganancias más crecidas que antes de la guerra. También para la Rusia republicano-imperialista cabe en un todo seguir ese camino. No es otro, en efecto, el que abrazan no solo los Miliukov y los Shingariov, sino también Kerenski, a una con Teréschenko, Nekrásov, Bernatski, Prokopóvich y Compañía, quienes defienden asimismo , de un modo burocrático-reaccionario, la «intangibilidad» de los bancos y su derecho sagrado a percibir fabulosas ganancias. Pero digamos la verdad: en la Rusia republi- cana reglamentarían de buen grado la vida económica por procedi- mientos burocrático-reaccionarios, si no fuese porque tropiezan «a menudo» con la dificultad que para ello supone la existencia de los Soviets, esos Soviets que el Kornílov número 1 no logró disolver, pero que tratará de disolver el Kornílov número 2… Tal será la verdad. Y esta verdad sencilla, aunque amarga, contribuirá más a abrir los ojos al pueblo que las mentiras almiba- radas sobre «nuestra» «gran» democracia «revolucionaria»… La nacionalización de los bancos facilitaría extraordinariamente la si- multánea nacionalización de los seguros, es decir, la fusión de todas las compañías de seguros en una sola, la centralización de sus activi- dades, su control por el Estado. Los congresos de empleados de esas compañías se encargarían también en este caso de realizar la fusión inmediatamente y sin ningún género de dificultades, tan pronto como el Estado democrático-revolucionario lo decretase y ordenase a los directores de los consejos de administración y a los grandes ac- cionistas que llevasen a cabo esa fusión sin la menor demora y bajo su estricta responsabilidad personal. Los capitalistas han invertido en los seguros cientos de millones. Todo el trabajo lo hacen los em- pleados. La fusión de las compañías de seguros haría que bajasen

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