1917

236 reformas que necesitan por vía burocrática reaccionaria. Pero noso- tros hablamos aquí de la vía democrática revolucionaria. Esta «pequeña diferencia» tiene una importancia muy sus- tancial. «No es costumbre», generalmente, pararse a meditar en ella. En nuestro país (y principalmente entre los eseristas y los menche- viques), las palabras «democracia revolucionaria» se han convertido casi en una frase convencional, algo así como la expresión «a Dios gracias», que emplean también muchos que no son tan ignorantes como para creer en Dios, o como la de «respetable ciudadano», que se emplea a veces dirigiéndose incluso a gentes como los colabora- dores de Dien o de Edinstvo , a pesar de que casi todo el mundo se da cuenta de que estos periódicos han sido fundados y son sostenidos por los capitalistas para defender los intereses de los capitalistas y que, por tanto, la colaboración en ellos de quienes se llaman socia- listas tiene muy poco de «respetable». Para quien no emplee las palabras «democracia revolucio- naria» como una pomposa frase estereotipada, como un tópico convencional, y se pare a pensar en lo que significan, ser demócrata es tener presentes en la práctica los intereses de la mayoría, y no los de la minoría del pueblo; ser revolucionario es demoler del modo más resuelto e implacable todo lo dañoso, todo lo caduco. En Norteamérica y en Alemania, ni los gobiernos ni las clases gobernantes, que nosotros sepamos, pretenden ostentar el título de «democracia revolucionaria», que reivindican para sí (y prostituyen) nuestros eseristas y nuestros mencheviques. En Alemania son cuatro , en total, los grandes bancos pri- vados que tienen una importancia nacional; en Estados Unidos, dos solamente. Para los reyes financieros de estos bancos es más fácil, más cómodo, más ventajoso asociarse privadamente, secre- tamente, reaccionariamente, y no por procedimientos revolucio- narios; burocráticamente, y no por vía democrática; sobornando a los funcionarios del Estado (pues eso es norma general, lo mismo en Estados Unidos que en Alemania ) y manteniendo el carácter privado de los bancos justamente para poder conservar el secreto de las ope- raciones; para poder seguir estrujando a ese mismo Estado millones y más millones de «superganancias»; para asegurar fraudulentas manipulaciones financieras.

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