1917

235 y premiarlos por todos los fraudes y dilaciones de los ricos que des- cubrieran, para que la nacionalización de los bancos avanzara lisa y llanamente, con la velocidad de una centella. La nacionalización de los bancos reportaría enormes ventajas a todo el pueblo, y particularmente no a los obreros (pues los obreros poco tienen que ver con los bancos), sino a la masa de campesinos e industriales modestos. El ahorro de trabajo que ello representaría sería gigantesco, y suponiendo que el Estado conservase el mismo número de empleados de banca que hasta aquí, se habría dado un gran paso en el sentido de universalizar el uso de los bancos, multi- plicar sus sucursales, hacer más accesibles sus operaciones, etc. Se- rían precisamente los pequeños propietarios, los campesinos, quienes podrían obtener créditos en condiciones muchísimo más fáciles y accesibles. Y el Estado alcanzaría por vez primera la posibilidad, primero de conocer , sin que nadie pudiera ocultárselas, las opera- ciones financieras más importantes; luego, la posibilidad de contro- larlas , la posibilidad de regular la vida económica y, finalmente, la de obtener millones y miles de millones para las grandes operaciones de Estado, sin necesidad de abonar «comisiones» fabulosas por sus «servicios» a los señores capitalistas. Por eso, y solamente por eso, se muestran dispuestos a luchar con toda furia y por todos los me- dios contra la nacionalización de los bancos, inventando miles de objeciones contra esta medida facilísima y de gran urgencia, todos los capitalistas, todos los profesores burgueses, toda la burguesía y todos los Plejánov, Potrésov y Compañía a su servicio, a pesar de tratarse de una medida que hasta desde el punto de vista de la «de- fensa nacional», es decir, desde el punto de vista militar, significaría una enorme ventaja y reforzaría extraordinariamente la «potencia militar» del país. Se nos podrá objetar: ¿por qué, entonces, países tan avan- zados como Alemania y Estados Unidos practican una excelente «regulación de la vida económica» sin pensar siquiera en la nacio- nalización de los bancos? Porque estos dos Estados —contestamos—, aun siendo el uno monarquía y el otro república, son ambos Estados no solo ca- pitalistas, sino también imperialistas. Y como tales, implantan las

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