1917

233 esa medida se demora es exclusivamente por la sórdida codicia de un insignificante puñado de ricachones. Si se confunde con tanta fre- cuencia la nacionalización de los bancos con la confiscación de los bienes privados, la culpa la tiene la prensa burguesa, que propala esa confusión para engañar al público. La propiedad sobre los capitales con que operan los bancos y que se concentra en ellos, se acredita por medio de certificados im- presos o manuscritos, a los que se da el nombre de acciones, obliga- ciones, letras de cambio, recibos, etc. Con la nacionalización de los bancos, es decir, con la fusión de todos los bancos en un solo banco del Estado, no se anularía ni modificaría ninguno de esos certificados. Quien poseyese quince rublos en su libreta de ahorros seguiría poseyendo los mismos quince rublos después de implantada la nacio- nalización de los bancos, y quien poseyese quince millones, seguiría poseyéndolos, aun después de tomada esa medida, en forma de ac- ciones, obligaciones, letras de cambio, resguardos de mercancías, etc. ¿En qué estriba, pues, la importancia de la nacionalización de los bancos? En que es imposible ejercer un verdadero control de dife- rentes bancos separados y de sus operaciones (aun suponiendo que se suprima el secreto comercial, pues no se puede vigilar el compli- cadísimo, alambicado y astuto tejemaneje a que se recurre al hacer los balances, al fundar empresas y sucursales ficticias, al hacer inter- venir a hombres de paja, etc. Solo la fusión de todos los bancos en un banco único, sin que esto implique la menor modificación en las relaciones de propiedad, sin que, repetimos, se le quite un solo kopek a ningún propietario, ofrece la posibilidad de implantar un control efectivo, naturalmente, siempre y cuando se implanten a la par todas las medidas arriba mencionadas. Solo nacionalizando los bancos podrá conseguirse que el Estado sepa adónde y cómo, de dónde y cuándo se desplazan los millones y los miles de millones. Y solo este control sobre los bancos, centro, eje principal y meca- nismo básico de la circulación capitalista, permitiría llevar a cabo de hecho, y no solo de palabra, el control de toda la vida económica, de la producción y de la distribución de los productos más impor- tantes, la «reglamentación de la vida económica», que de otro modo

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