1917

232 3. Abolición del secreto comercial. 4. Sindicación obligatoria (es decir, agrupación obligatoria) de los industriales, los comerciantes y los patronos en general. 5. Organización obligatoria de la población en cooperativas de consumo o fomento y fiscalización de estas organizaciones. Veamos ahora qué importancia tendría cada una de estas medidas, siempre y cuando se implantase por vía democrático- revolucionaria. La nacionalización de los bancos Los bancos constituyen, como es sabido, centros de la vida económica moderna, los centros nerviosos más importantes de todo el sistema capitalista de economía nacional. Hablar de una «regla- mentación de la vida económica» y eludir el problema de la nacio- nalización de los bancos significa hacer gala de una ignorancia supina o engañar a la «plebe» con frases pomposas y promesas altisonantes, que de antemano se ha resuelto no cumplir. Es un absurdo querer controlar y regular el suministro de trigo o, en general, la producción y la distribución de los productos, si a la par no se controlan y regulan las operaciones bancarias. Es algo así como lanzarse a la caza de unos kopeks problemáticos y cerrar los ojos a millones de rublos. Los bancos modernos están tan estrecha e indisolublemente entrelazados con el comercio (con el de cereales y con todo el comercio en general) y con la industria, que sin «poner la mano» sobre ellos no puede hacerse absolutamente nada serio, nada «democrático-revolucionario». Pero, ¿quizá eso de «poner la mano» del Estado sobre los bancos sea una operación muy difícil y complicada? Habitual- mente se pinta la cosa así —la pintan así, claro está, los capitalistas y sus abogados, que son los que salen beneficiados con ello— para asustar a los filisteos. En realidad, la nacionalización de los bancos, que no priva ni de un solo kopek a ningún «propietario», no ofrece absolutamente ninguna dificultad, ni de orden técnico ni de orden cultural, y si

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