1917

227 aprovechando la carestía de la vida y los suministros al ejército (y hoy, directa o indirectamente, casi todos «trabajan» para la guerra), ganancias que todo el mundo conoce, que todo el mundo observa y a propósito de las cuales todo el mundo se lamenta y se escandaliza. Sin embargo, el Estado no hace nada serio, nada absoluta- mente, para implantar el control, la contabilidad y la vigilancia. Pasividad completa del gobierno En todas partes tiene lugar un sabotaje sistemático, inflexible, de todo control, de toda vigilancia y de toda contabilidad, de todos los intentos del Estado para organizarlos. Y hace falta ser increíble- mente ingenuo para no comprender —o profundamente hipócrita para aparentar que no se comprende— de dónde parte ese sabotaje y de qué recursos se vale. Pues ese sabotaje ejercido por los banqueros y los capitalistas, ese torpedeo por ellos de todo control, de toda vi- gilancia y de toda contabilidad, se adapta a las formas estatales de la república democrática, se adapta a la existencia de las instituciones «democrático-revolucionarias». Los señores capitalistas han asimi- lado perfectamente esa verdad que reconocen de palabra todos los partidarios del socialismo científico, pero que los mencheviques y los eseristas procuraron olvidar tan pronto como sus amigos ocu- paron los cómodos sillones de los ministerios, las subsecretarías, etc. Esa verdad dice que la esencia económica de la explotación capita- lista no varía en lo más mínimo porque las formas monárquicas de gobierno se sustituyan por las democrático-republicanas, y que, por consiguiente, ocurre todo lo contrario: basta con cambiar la forma de la lucha por la intangibilidad y la santidad de las ganancias ca- pitalistas para salvaguardarlas bajo la república democrática con la misma eficacia que bajo la monarquía absoluta. El sabotaje moderno, novísimo, democrático-republicano de todo control, de toda contabilidad y de toda vigilancia consiste en que los capitalistas reconocen verbalmente «de todo corazón» el «principio» del control y su necesidad (como hacen también, por supuesto, todos los mencheviques y todos los eseristas), pero hacen hincapié en que se implante «paulatinamente», de un modo regular,

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