1917
222 No hay término medio. La experiencia ha demostrado que no lo hay. O bien todo el poder a los Soviets y la total democratización del ejército, o bien la korniloviada. ¿Y la historia del ministerio de Chernov? ¿Acaso no ha demos- trado que todo paso más o menos serio encaminado a satisfacer de veras las necesidades de los campesinos, todo paso que atestigua la confianza depositada en ellos, en sus propias organizaciones y acciones de masas despertó un extraordinario entusiasmo entre todos los campesinos? Chernov, durante casi cuatro meses, tuvo que «rega- tear» con los demócratas constitucionalistas y los altos funcionarios, quienes por medio de interminables dilaciones y enredos le obligaron a dimitir sin haber hecho nada. Los terratenientes y capitalistas, por esos cuatro meses y durante esos cuatro meses «ganaron la partida», salvaron el sistema de la propiedad de los terratenientes, aplazaron la convocatoria a la Asamblea Constituyente y hasta iniciaron una serie de represiones contra los comités agrarios. No hay término medio. La experiencia ha demostrado que no lo hay. O bien todo el poder a los Soviets, tanto en el centro como en las provincias, toda la tierra a los campesinos de inme- diato hasta tanto decida la Asamblea Constituyente, o bien los terratenientes y capitalistas frenarán todo, restablecerán el poder terrateniente, irritarán a los campesinos y harán desembocar las cosas en un levantamiento campesino terrible. Otro tanto ocurre con el sabotaje de los capitalistas (con ayuda de Palchinski) contra cualquier control más o menos serio sobre la producción, con el sabotaje de los comerciantes contra el monopolio del trigo, y el de Peshejónov contra el comienzo de la distribución democrática, regulada, del pan y de los comestibles. Ahora en Rusia no se trata en modo alguno de idear «nuevas reformas» para «planear» transformaciones «universales». Nada de eso. Así presentan el asunto, de un modo a todas luces falso, los capita- listas, los Potrésov, los Plejánov, que claman contra la «implantación del socialismo», contra la «dictadura del proletariado» . La verdadera situación en Rusia es tal que el peso y los sufrimientos indecibles de la guerra, la inaudita y terrible amenaza de un desbarajuste econó- mico sin precedentes y del hambre sugirieron por sí mismos la sa-
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