1917
214 aceptar que los bolcheviques en el fondo no nos concedan nada con su compromiso. Pues en todos los países civilizados, los ministros inteli- gentes atribuyen un gran valor a todo acuerdo, por pequeño que sea, con el proletariado durante la guerra. Le reconocen un valor muy, muy grande. Se trata de gente práctica, de auténticos ministros. Los bolcheviques se fortalecen con bastante rapidez, a pesar de las re- presiones, a pesar de la debilidad de su prensa… ¿Es sensato que corramos el riesgo de una Comuna? Tenemos una mayoría asegurada, todavía no está tan cercano el despertar del campesinado pobre; tenemos tiempo suficiente. No creo que en un país esencialmente campesino, la mayoría siga a los extremistas. Y contra una mayoría segura, en una república verdaderamente democrática, la insurrección es imposible. Así ha- blaría la segunda voz. Quizá se encuentre una tercera voz, entre algunos partidarios de Mártov o de Spiridónova que diga: me indigna, «camaradas», que ambos, al razonar acerca de la Comuna y de la posibilidad de su existencia, se coloquen sin vacilar al lado de sus adversarios, el uno en una forma y el otro en otra, pero ambos están de parte de aquellos que aplastaron a la Comuna. No iré a hacer agitación por la Comuna, no puedo de antemano prometer que combatiré en sus filas como lo hará todo bolchevique, pero debo decir con todo que si la Comuna surge a pesar de mis esfuerzos, antes ayudaré a sus defensores que a sus adversarios… La discordancia en el «bloque» es grande e inevitable, pues en la democracia pequeñoburguesa está representado un mundo de matices, desde un completo burgués plenamente ministeriable 3 hasta un semimendigo, no del todo apto aún para adoptar el punto de vista del proletariado. Y nadie sabe cuál va a ser, en cada mo- mento dado, la realidad de esa discordancia. 3 Táctica «ministerialista». «Ministerialismo» (llamado también «socialismo ministerial» o «millerandismo»): táctica oportunista de participación de los socialistas en los gobiernos reaccionarios burgueses. El término surgió en 1899, cuando el socialista francés Millerand entró a formar parte del gobierno burgués de Waldeck-Rousseau (Nota en la edición rusa).
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