1917
212 ¿Qué ganarían ambas partes «contratantes», es decir, los bol- cheviques por una parte y el bloque de los eseristas y mencheviques por la otra, con este «compromiso»? Si ninguna de las dos partes ganara nada, sería necesario reconocer la imposibilidad del compro- miso y entonces no habría para qué hablar de ello. Por más difícil que sea ahora (después de julio y agosto, dos meses que equivalen a dos décadas de época «pacífica» y soñolienta) ese compromiso, me parece que existe una pequeña probabilidad de llevarlo a cabo, y esa probabilidad está dada por la decisión de los eseristas y menchevi- ques de no entrar en un gobierno del que formen parte los demó- cratas constitucionalistas. Los bolcheviques saldrían ganando, pues obtendrían la posibi- lidad de realizar, con entera libertad, la propaganda de sus opiniones y, en condiciones efectiva y enteramente democráticas, procurar influencia en los Soviets. De palabra, «todos» reconocen hoy esa li- bertad a los bolcheviques. Pero en la práctica ella es imposible bajo un gobierno burgués o con participación de la burguesía, bajo un go- bierno que no sea soviético. Bajo un gobierno soviético esa libertad sería posible (no decimos: garantizada con seguridad, pero, con todo, posible). Por esa posibilidad, en un momento tan difícil, habría que decidirse a un compromiso con la mayoría soviética actual. Con una verdadera democracia nada tenemos que temer, puesto que la vida está de nuestra parte y aun la forma en que se desarrollan las co- rrientes dentro de los partidos de los eseristas y de los mencheviques, hostiles a nosotros, confirma que estamos en lo justo. Los mencheviques y los eseristas ganarían al recibir de in- mediato la plena posibilidad de realizar el programa de su bloque, apoyándose a sabiendas en la enorme mayoría del pueblo y asegu- rándose la utilización «pacífica» de su mayoría en los Soviets. Por cierto que desde ese bloque, heterogéneo por ser bloque, como también porque la democracia pequeñoburguesa es siempre menos homogénea que la burguesía y que el proletariado, se alza- rían probablemente dos voces. Una voz diría: nuestro camino de ningún modo coincide con el de los bolcheviques, el del proletariado revolucionario. Éste, de todos modos, exigirá más de la cuenta y arrastrará demagógicamente
RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=