1917
200 llevaba inevitablemente aparejado, por una parte, un gigantesco reforzamiento del chovinismo y el paso del Poder militar (y por consiguiente, también del poder del Estado) a una pandilla mi- litar de bonapartistas, y, por otra el paso a un régimen de violencia contra las masas, de persecución de los internacionalistas, de supre- sión de la libertad de agitación, de detenciones y fusilamientos de quienes se oponían a la guerra. Y si el 6 de mayo enganchó a los eseristas y a los menche- viques con una soga a la carroza triunfal de la burguesía, el 19 de junio los ató con cadenas como servidores de los capitalistas. VIII La cólera de las masas, como es natural, creció con mayor ra- pidez y fuerza al ser reanudada la guerra de rapiña. Los días 3 y 4 de julio estalló la indignación, a pesar de que los bolcheviques se esfor- zaron por contener la explosión, a la que, naturalmente, tenían que esforzarse por imprimir la forma más organizada que fuese posible. Los eseristas y mencheviques, esclavos de la burguesía, encade- nados por su dueño y señor, dieron su consentimiento a todo: acce- dieron a que fuesen llamadas a Petrogrado tropas reaccionarias, a que se restableciese la pena de muerte, a que se desarmase a los obreros y a las tropas revolucionarias, a las detenciones, a las persecuciones, a las suspensiones de periódicos sin juicio previo. Y el poder, aquel poder que la burguesía no podía concentrar por entero en su gobierno y del que los Soviets no querían hacerse cargo, cayó en manos de la pandilla militar, de los bonapartistas, apoyados en un todo, natural- mente, por los demócratas constitucionalistas y los elementos de las Centurias Negras, por los terratenientes y los capitalistas. Poco a poco fueron cayendo cada vez más bajo. Después de poner el pie en la pendiente de su política de pactos con la bur- guesía, los eseristas y mencheviques fueron deslizándose irremisi- blemente hasta el fondo del abismo. El 28 de febrero prometieron en el Soviet de Petrogrado un apoyo condicional al gobierno bur- gués. El 6 de mayo le salvaron de la catástrofe y se dejaron convertir en sus lacayos y defensores, dando su conformidad para la ofensiva.
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