1917
199 VII El partido de los obreros revolucionarios, el Partido Bol- chevique, preparaba una manifestación, que había de celebrarse en Petrogrado el 9 de junio, a fin de dar expresión organizada al descontento y la indignación crecientes de las masas. Los líderes eseristas y mencheviques, enredados en acuerdos con la burguesía y por la política imperialista de la ofensiva, se sintieron aterrados, viendo que perdían su influencia en las masas. Se alzó un griterío general contra la manifestación, en el que esta vez las voces de los demócratas constitucionalistas contrarrevolucionarios se unían a las de los eseristas y mencheviques. Bajo la dirección de estos par- tidos, como fruto de su política de conciliación con los capitalistas, se reveló con asombrosa claridad el viraje de las masas pequeñobur- guesas hacia la alianza con la burguesía contrarrevolucionaria. En esto reside la importancia histórica, el sentido de clase de la crisis del 9 de junio. Los bolcheviques, que no tenían el menor deseo de lanzar en aquellos momentos a los obreros a la lucha desesperada contra los demócratas-constitucionalistas, los eseristas y mencheviques unidos, revocan la manifestación. Pero estos últimos, queriendo salvar todavía el residuo postrero de confianza de las masas, se vieron obligados a convocar una manifestación general para el día 18. La burguesía no cabía en sí de furor, pues lo interpretó, y con razón, como signo de que la democracia pequeñoburguesa se in- clinaba hacia el proletariado, y acordó contrarrestar la acción de la democracia con la ofensiva en el frente. En efecto, el 18 de junio aportó un triunfo extraordinaria- mente ostensible de las consignas del proletariado revolucionario, de consignas del bolchevismo, entre las masas de Petrogrado. Y el 19 de junio, la burguesía y el bonapartista Kerenski anunciaron so- lemnemente el comienzo de la ofensiva en el frente, precisamente el día 18. La ofensiva representaba de hecho la reanudación de la guerra de rapiña en interés de los capitalistas y contra la voluntad de la inmensa mayoría de los trabajadores. Por eso, la ofensiva
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