1917

198 constitucionalistas del gobierno, el ministro Chernov vivió con- sagrado a la misión útil, interesante y profundamente popular de «persuadir» a sus colegas burgueses de que accediesen por lo menos a aprobar el decreto prohibitivo de la compraventa de tierras. Este decreto les había sido prometido a los campesinos del modo más solemne en Petrogrado, en el Congreso (Soviet) de diputados cam- pesinos de toda Rusia. Pero no se pasó de la promesa. Chernov no pudo cumplirla ni en mayo ni en junio, y hubo que esperar a que la ola revolucionaria que estalló espontáneamente los días 3 y 4 de julio, coincidiendo con el momento en que los demócratas cons- titucionalistas salían del gobierno, le permitiese implantar esa me- dida. Pero, con todo, seguía siendo una medida aislada, incapaz de fomentar seriamente la lucha de los campesinos contra los terrate- nientes por la tierra. Entretanto, el «demócrata revolucionario» Kerenski, afiliado de nuevo cuño al partido de los socialistas revolucionarios, había cum- plido triunfal y brillantemente, en el frente, con su cometido contra- rrevolucionario imperialista de reanudar la rapaz guerra imperialista, misión que no pudo cumplir un hombre como Guchkov, odiado por el pueblo. Kerenski se embriagaba con su propia elocuencia, mientras los imperialistas, jugando con él como con un peón de ajedrez, le en- volvían en nubes de incienso, le adulaban, le glorificaban pura y sim- plemente porque servía con toda lealtad y honradez a los capitalistas, esforzándose por convencer a las «tropas revolucionarias» de que ac- cediesen a reanudar la guerra, que, en cumplimiento de los tratados del zar Nicolás II con los capitalistas de Inglaterra y Francia, se libraba con la finalidad de que los capitalistas rusos pudieran adueñarse de Constantinopla y Lvov, de Erzerum yTrebisonda. Así transcurrió la segunda fase de la revolución rusa, desde el 6 de mayo hasta el 9 de junio. La burguesía contrarrevolucio- naria, parapetada detrás de los ministros «socialistas» y apoyada por ellos, se fortificó y consolidó y fue preparando la ofensiva contra el enemigo de fuera y contra el de dentro, es decir, contra los obreros revolucionarios.

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