1917
192 sobre los asuntos más importantes y de mayor urgencia para los obreros y campesinos se aplazaban hasta que estuviese reunida la Asamblea Constituyente, pero sin fijar fecha para su convocatoria. Aprovechándose de la libertad, el pueblo comenzó a orga- nizarse por su cuenta. La principal organización de los obreros y campesinos, que constituyen la aplastante mayoría de la pobla- ción de Rusia, eran los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos. Estos Soviets comenzaron a formarse ya durante la Revolución de Febrero y, a las pocas semanas, en la mayoría de las ciudades importantes de Rusia y en muchos distritos del campo, todos los elementos avanzados y conscientes de la clase obrera y de las masas campesinas se hallaban ya organizados en Soviets. Los Soviets fueron elegidos con absoluta libertad. Eran autén- ticas organizaciones de las masas del pueblo, de los obreros y campe- sinos. Eran las verdaderas organizaciones de la inmensa mayoría del pueblo. Los obreros y campesinos, vestidos con el uniforme militar, estaban armados. Los Soviets podían y debían, naturalmente, hacerse cargo de todo el poder del Estado. Hasta la convocatoria de la Asamblea Cons- tituyente, no hubiera debido existir en el país más poder que el de los Soviets. Solo así hubiera sido nuestra revolución una revolución verdaderamente popular, una revolución verdaderamente democrá- tica. Solo así hubieran podido las masas trabajadoras, que aspiran realmente a la paz, que no tienen ningún interés en una guerra ane- xionista, aplicar, con resolución y firmeza, una política que hubiera puesto fin al anexionismo y hubiera conducido a la paz. Solo así hu- bieran podido los obreros y campesinos meter en cintura a los capi- talistas, que obtienen «con la guerra» ganancias fabulosas y que han llevado a nuestro país a la ruina y al hambre. Pero solo una minoría de los diputados que formaban los soviets estaba al lado del partido de los obreros revolucionarios, de los socialdemócratas bolcheviques, que exigían la entrega de todo el poder a los Soviets. La mayor parte de los diputados de los soviets apoyaba a los partidos de los socialde- mócratas mencheviques y de los eseristas, opuestos a la entrega del poder a los soviets. En vez de abogar por la eliminación del gobierno de la burguesía y su sustitución por un gobierno de los Soviets, estos
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