1917

184 La segunda objeción se reduce, lo mismo que la primera, a sustituir verdades concretas por consideraciones demasiado gene- rales. Fuera del proletariado revolucionario, no hay nada, ninguna fuerza, capaz de derrocar a la contrarrevolución burguesa. Es pre- cisamente el proletariado revolucionario el que, aprovechando la experiencia del mes de julio de 1917, tiene que hacerse cargo por su cuenta del poder del Estado; sin eso es imposible que triunfe la revolución. El poder en manos del proletariado, apoyado por los campesinos pobres o los semiproletarios: he ahí la única salida, y ya hemos dicho cuáles son las circunstancias que contribuirán a acele- rarla extraordinariamente. En esta nueva revolución podrán y deberán surgir los So- viets, pero no serán los Soviets actuales, no serán los órganos de una política de pactos con la burguesía, sino los órganos de una lucha revolucionaria contra ella. Es cierto que también entonces nos pro- nunciaremos por un Estado edificado enteramente según el tipo de los Soviets. Pero no se trata del problema de los Soviets en general, sino de la lucha frente a la contrarrevolución actual y frente a la traición de los actuales Soviets. La sustitución de lo concreto por lo abstracto es uno de los pecados capitales, uno de los más peligrosos que pueden cometerse en una revolución. Los actuales Soviets han fracasado, han sufrido una bancarrota completa, por predominar en ellos los partidos ese- rista y menchevique. En la actualidad, esos Soviets son como ovejas conducidas al matadero que, puestas bajo la cuchilla de los mata- rifes, balan lastimeramente. Hoy , los Soviets son impotentes y viven en el mayor de los desamparos frente a la contrarrevolución, que ha triunfado y triunfa. La consigna de entregar el poder a los Soviets podría ser comprendida como un «simple» llamamiento a que esos Soviets, los que hoy existen, se hiciesen cargo del poder; pero decir eso, invitar a eso, equivaldría ahora a engañar al pueblo. Y no hay nada más peligroso que el engaño. En Rusia ha terminado el ciclo de desarrollo de la lucha entre las clases y los partidos que llenó el período comprendido entre el 27 de febrero y el 4 de julio. Comienza un nuevo ciclo, en el que no entran ya las viejas clases, los viejos partidos, los viejos Soviets,

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