1917
183 Hay que dar a todas nuestras campañas de agitación en el pueblo un nuevo giro, teniendo en cuenta, precisamente, la expe- riencia concreta de la actual revolución y principalmente de las jor- nadas de julio, es decir, que haga ver al pueblo con toda claridad que sus verdaderos enemigos son la pandilla militar, los demócratas- constitucionalistas y las Centurias Negras, y desenmascarando irrefu- tablemente a los partidos pequeñoburgueses, a los partidos eserista y menchevique, que han desempeñado y desempeñan el papel de auxi- liares de los verdugos. Hay que dar un nuevo giro a todas las campañas de agitación en el pueblo, haciendo ver a los campesinos que es totalmente inútil que confíen en obtener las tierras mientras no se derroque el poder de la pandilla militar, mientras no se desenmascare a los partidos eserista y menchevique, haciéndoles perder la confianza del pueblo. Bajo las circunstancias «normales» del desarrollo capitalista, este proceso sería muy largo y difícil, pero la guerra y la ruina económica lo acelerarán extraordinariamente. Con estos «aceleradores», un mes y hasta una semana pueden igualarse a un año entero. Dos objeciones se formularán probablemente contra lo que dejamos dicho: primero, que el hablar hoy de dar la batalla decisiva equivaldría a fomentar las acciones aisladas, que favorecerían preci- samente a la contrarrevolución; segundo, que al derrocar a esta, el poder iría de todas formas a parar a manos de los Soviets. A la primera objeción replicamos lo siguiente: los obreros de Rusia tienen ya la suficiente conciencia de clase para no dejarse llevar de provocaciones en un momento que es, a sabiendas, desfavorable para ellos. Es indudable que el lanzarse hoy a la acción y organizar la resistencia equivaldría a hacer el juego a la contrarrevolución. Es asi- mismo indiscutible que la batalla decisiva solo podrá darse cuando la revolución vuelva a prender con impulso ascensional en el fondo de las masas. Pero no basta con hablar en general del impulso ascen- sional de la revolución, de su aflujo, de la ayuda de los obreros de los países occidentales, etc., sino que hay que sacar una conclusión concreta de nuestro pasado y tomar en consideración precisamente nuestra propia experiencia. Y haciéndolo, veremos que la consigna que se desprende es la de dar la batalla decisiva a la contrarrevolu- ción, que se ha adueñado del poder.
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