1917
182 ministros sin poder, ministros fantoches, líderes de partidos que no hacen más que apoyar la política de los verdugos. Esto es un hecho. Y contra este hecho no vale alegar que Tsereteli y Chernov, perso- nalmente, «no aprueban» de seguro los actos de los verdugos y que sus periódicos niegan tímidamente toda relación con éstos, pues esa modalidad de decoración política no hace cambiar para nada la esencia del problema. La suspensión y clausura del órgano de 150.000 electores de Petrogrado, el asesinato por los junkers del obrero Vóinov (come- tido el 6 de julio) por sacar de la imprenta el Listok Pravdi , ¿qué son esos sino actos de verdugos? ¿Qué es eso sino la obra de los Ca- vaignac? Se nos dirá que de ello «no son culpables» ni el Gobierno ni los Soviets. Pues tanto peor para el Gobierno y para los Soviets —contes- tamos nosotros—, porque eso demuestra precisamente que no son más que un cero a la izquierda, muñecos de trapo, que no tienen en sus manos el poder efectivo. El pueblo debe saber, ante todo y en primer término, la verdad , debe saber en manos de quién reside, en realidad, el poder del Estado. Al pueblo hay que decirle toda la verdad: hay que de- cirle que el poder está en manos de una pandilla militar de hom- bres del estilo de Cavaignac (en manos de Kerenski, de ciertos generales, oficiales, etc.), apoyados por la burguesía como clase, con el partido de los demócratas constitucionalistas a la cabeza y con todos los monárquicos, que laboran a través de toda la prensa ultrarreaccionaria, a través de Nóvoie Vremia , Zhivoie Slovo , etc. Hay que derrocar ese poder. Mientras no lo hagamos, todo lo que sea hablar de luchar frente a la contrarrevolución no será más que palabras hueras, no será más que «engañarnos a nosotros mismos y engañar al pueblo». Hoy, ese poder encuentra también apoyo en los ministros Tsereteli y Chernov y en sus partidos. Hay que evidenciar ante el pueblo su papel de verdugos, hacerle ver que era inevitable que esos partidos llegasen a este «final» después de sus «errores» del 21 de abril, del 5 de mayo; del 9 de junio, del 4 de julio, después de aprobar la política de la ofensiva, una política que en sus nueve décimas partes predeterminó el triunfo de los Cavaignac en julio.
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