1917
180 equivaldría, objetivamente, a engañar al pueblo, a infundirle la ilu- sión de que bastaba, aun en las condiciones actuales , con que los So- viets se limitasen a querer o a acordar hacerse cargo del poder para que este fuese a parar a sus manos, la ilusión de que en el Soviet se- guían actuando unos partidos no manchados todavía por su compli- cidad con los verdugos, la ilusión de que lo ocurrido podía borrarse de un plumazo. Sería el mayor de los errores creer que el proletariado revolu- cionario, para «vengarse», digámoslo así, de los eseristas y menche- viques por el apoyo prestado por éstos a la campaña de represión contra los bolcheviques, a los fusilamientos en el frente y al desarme de los obreros, puede «negarse» a apoyar a esos partidos frente a la contrarrevolución. Plantear así las cosas equivaldría, en primer lugar, a querer aplicar al proletariado los conceptos de moral peque- ñoburguesa (pues, si conviene para la causa , el proletariado, ahora y siempre, no solo apoyará a la pequeña burguesía vacilante, sino incluso a la gran burguesía); en segundo lugar —y esto es lo más importante de todo—, sería un intento pequeñoburgués de velar la esencia política del problema con argumentos de índole «moral». Y la esencia del problema está en que hoy es ya imposible adueñarse del poder por vía pacífica. Hoy, para llegar a él hay que derrotar, luchando resueltamente, a los verdaderos detentadores del poder, a la pandilla militar, a los Cavaignac, que se apoyan en las tropas reaccionarias trasladadas a Petrogrado, en los demócratas constitucionalistas y en los monárquicos. La esencia del problema consiste en que estos nuevos deten- tadores del Poder solo pueden ser vencidos por las masas revolu- cionarias del pueblo, para cuyo movimiento es condición previa que se hallen dirigidas por el proletariado, y no solo eso, sino que vuelvan la espalda a los partidos eserista y menchevique, que han traicionado la causa de la revolución. Los que pretenden introducir en la política ideas de moral pequeñoburguesa, razonan así: admitamos que al apoyar a los Ca- vaignac, que desarman al proletariado y a los regimientos revolucio- narios, los eseristas y los mencheviques cometieron un «error», pero hay que dejarles un margen de posibilidad para que lo «corrijan»,
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