1917

178 a ningún constreñimiento exterior. Las armas en manos del pueblo y libre éste de todo constreñimiento exterior: tal era el fondo de la cuestión. Esto era lo que abría y garantizaba a toda la revolución una senda pacífica para su desarrollo. La consigna de «Todo el poder a los Soviets» señalaba el paso inmediato, el paso de realización directa por esta senda de desarrollo pacífico. Era la consigna del desarrollo pací- fico de la revolución, que desde el 27 de febrero hasta el 4 de julio era posible y, naturalmente, el más deseable de todos, pero que hoy es ya de todo punto imposible. A lo que parece, no todos los partidarios de la consigna de «Todo el poder a los Soviets» se daban clara cuenta de que se trataba de la consigna del desarrollo pacífico y ascensional de la revolución. Y al decir pacífico no nos referimos solo a que nadie, ninguna clase, ninguna fuerza importante, hubiera podido entonces (desde el 27 de febrero hasta el 4 de julio) oponerse al paso del poder a los Soviets e impedirlo. Eso no es todo. El desarrollo pacífico hubiera podido realizarse, entonces, también en el sentido de que la pugna de las clases y los partidos dentro de los Soviets, una vez que éstos se hu- biesen hecho cargo a tiempo de todos los poderes del Estado, se habría desarrollado del modo más pacífico y menos doloroso. Este último aspecto del problema pasa, todavía hoy, un poco desapercibido. Por su estructura de clase, los Soviets eran los ór- ganos del movimiento obrero y campesino, la forma plasmada de su dictadura. Si hubieran tenido plenitud de poderes, se habría aca- bado en la práctica con el vicio principal de los sectores pequeño- burgueses, con su pecado capital, su confianza en los capitalistas, criticándolo mediante la experiencia de sus propias medidas. Las clases y partidos que ocupan el poder habrían venido a ser relevados por otros pacíficamente, dentro de los Soviets, como únicos órganos de gobierno, con plenitud de poderes; y el enlace de todos los par- tidos representados en los Soviets con las masas hubiera permane- cido en pie, firme e intacto. No se puede perder de vista ni por un instante que este enlace íntimo, cada vez más extenso y más hondo, de los partidos representados en los Soviets con las masas era lo único que podía aventar pacíficamente las ilusiones de la política pequeño- burguesa de pactos con la burguesía. El paso del poder a los Soviets

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