1917
157 La burguesía se ocultó. Se negó a tomar parte en una manifes- tación pacífica, organizada a todas luces por la mayoría del pueblo, con absoluta libertad para plantear las consignas de partido y cuyo fin primordial era desplegar las fuerzas frente a la contrarrevolución. Es muy comprensible. La burguesía es, precisamente, la contrarre- volución. Se esconde del pueblo y urde contra él verdaderas cons- piraciones contrarrevolucionarias. En la jornada histórica del 18 de junio, los partidos que hoy gobiernan en Rusia, los partidos de los eseristas y mencheviques, se han revelado con claridad como los par- tidos de la vacilación. Sus consignas expresaban vacilación y fueron seguidas, manifiestamente, a los ojos de todos, por una minoría. De- tenerse, dejar por ahora todo tal como está: he ahí lo que ellos aconse- jaban al pueblo con sus consignas y vacilaciones. Pero tanto el pueblo como ellos sintieron que eso era imposible. Basta de vacilaciones, dijo la vanguardia del proletariado, la vanguardia de las masas de obreros y soldados de Rusia. Basta de vacilaciones. La política de confianza en los capitalistas, en su go- bierno, en sus esfuerzos reformadores, en su guerra, en su política de ofensiva, es una política desesperada. No está lejana su banca- rrota. Su bancarrota es inevitable. Y esa bancarrota será también la de los partidos gobernantes de los eseristas y mencheviques. El des- barajuste económico se aproxima más y más. Es imposible salvarse de él, al margen de las medidas de la clase revolucionaria instaurada en el poder. ¡Que el pueblo rompa con la política de confianza en los capitalistas, que deposite esa confianza en la clase revolucionaria, en el proletariado! ¡En el proletariado y solo en él está la fuente de la fuerza! ¡En él y solo en él reside la garantía de que se servirá a los intereses de la mayoría , los intereses de los trabajadores y ex- plotados, aplastados por la guerra y el capital, capaces de vencer al capital y a la guerra! Una crisis de proporciones inauditas se cierne sobre Rusia y sobre toda la humanidad. Para salir de ella no hay otro camino que confiar en la vanguardia mejor organizada de los trabajadores y explotados, apoyar su política.
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