1917

153 de los burgueses pequeños y grandes, de la misma manera que la afinidad de clase del capitalista y del terrateniente que vive en el siglo XX les obligó a abrazarse alrededor del «idolatrado» monarca. Ha cambiado la forma de la conciliación. En la monarquía era burda: el zar dejaba entrar al demócrata constitucionalista solo hasta la antesala de la Duma de Estado. En la república democrá- tica, la conciliación se ha hecho más refinada, al estilo europeo: se permite a los pequeñosburgueses formar una minoría inofensiva y desempeñar papeles inofensivos (para el capital) en el ministerio. Los demócratas constitucionalistas ocuparon el lugar de la monarquía. Los Tsereteli y los Chernov han ocupado el lugar de los demócratas constitucionalistas. La democracia proletaria ha ocu- pado el lugar de la democracia verdaderamente revolucionaria. La guerra imperialista ha acelerado en grado extraordinario todo el desarrollo. Sin ella, los eseristas y los mencheviques podrían pasarse decenas de años suspirando por cargos ministeriales. Pero la propia guerra sigue acelerando el desarrollo, pues plantea los pro- blemas de una manera revolucionaria, y no reformista. Los partidos eserista y menchevique podrían, de acuerdo con la burguesía, dar a Rusia no pocas reformas. Pero la situación ob- jetiva en la política mundial es revolucionaria y con reformas no se saldrá de ella. La guerra imperialista atormenta a los pueblos y amenaza con aniquilarlos. La democracia pequeñoburguesa quizá esté en condiciones de aplazar el desastre, aunque no por mucho tiempo. Solo el proletariado revolucionario puede salvarnos del desastre.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=