1917

149 la guerra; las masas obreras no pueden dejar de aspirar al poder om- nímodo del pueblo, es decir, de la mayoría de la población, o sea, a la solución de los problemas por la mayoría obrera contra la minoría capitalista, y no mediante un «acuerdo» de la mayoría con la minoría. La dualidad de poderes continúa. El gobierno de los capi- talistas sigue siendo el gobierno de los capitalistas, a pesar de su apéndice de populistas y mencheviques en forma de minoría. Los Soviets siguen siendo la organización de la mayoría. Los líderes populistas y mencheviques se agitan impotentes, deseando nadar entre dos aguas. Pero la crisis aumenta. Se ha llegado al extremo de que los capitalistas de la industria hullera cometan crímenes increíblemente descarados, de que desorganicen y paren la producción. Crece el des- empleo. Se habla de lock-outs . En realidad, los lock-outs empiezan pre- cisamente bajo la forma de desorganización de la producción por los capitalistas (¡pues el carbón es el pan de la industria! ), precisamente bajo la forma de creciente paro forzoso. Toda la responsabilidad por esta crisis y por la catástrofe que se avecina recae sobre los líderes populistas y mencheviques. Porque precisamente ellos son en la actualidad los líderes de los Soviets, es decir, de la mayoría. Es ineluctable que la minoría (los capitalistas) no desee someterse a la mayoría. Quien no haya olvidado lo que en- señan la ciencia y la experiencia de todos los países, quien no haya olvidado la lucha de clases, no esperará crédulamente un «acuerdo» con los capitalistas en un problema tan cardinal, tan candente. La mayoría de la población, es decir, los Soviets, léase los obreros y los campesinos, tendría la plena posibilidad de salvar la situación, de impedir que los capitalistas desorganicen y paralicen la producción y de ponerla inmediatamente, de verdad, bajo su propio control, si no se aplicara la política «conciliadora» de los lí- deres populistas y mencheviques. Sobre estos últimos recae la plena responsabilidad por la crisis y por la catástrofe. Pero no hay otra salida que la decisión de la mayoría de obreros y campesinos contra la minoría de capitalistas. Ninguna dilación ayudará: no hará más que agravar la enfermedad.

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