1917

148 ¡«A través de las instituciones centrales y locales de la cuenca del Donets-Krivói Rog. Estas instituciones deben tener un carácter de- mocrático y estar compuestas de representantes de los obreros, de los patronos, del gobierno y de las organizaciones revolucionarias democráticas»! Sería cómico si no fuese trágico. Porque se sabe a ciencia cierta que semejantes instituciones «democráticas», tanto en las localidades como en Petrogrado (el propio Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Obreros y Sol- dados), han existido y existen, pero son incapaces de hacer abso- lutamente nada. Desde fines de marzo —¡de marzo!— se vienen celebrando reuniones de los obreros y los industriales del Donets. Ha transcurrido más de mes y medio. ¡El resultado es que los obreros del Donets se ven obligados a reconocer que los industriales desorga- nizan conscientemente la producción! ¡Y de nuevo se obsequia al pueblo con promesas, comisiones, reuniones de representantes de los obreros y los industriales (¿pari- tarias quizá?), empezando una y otra vez el cuento de nunca acabar! La raíz del mal está en la dualidad de poderes. La raíz del error de los populistas y mencheviques está en que no comprenden la lucha de clases, la cual quieren sustituir, ocultar o conciliar por medio de frases, promesas, evasivas y comisiones «con participa- ción» de representantes… ¡de ese mismo gobierno basado en la dualidad de poderes! Los capitalistas se han enriquecido escandalosamente, de manera inaudita, durante la guerra. Cuentan con la mayoría en el gobierno. Quieren el poder omnímodo; desde el punto de vista de su situación de clase, tienen forzosamente que tratar de conseguirlo y defenderlo. Las masas obreras, que constituyen la mayoría gigantesca de la población, que tienen los Soviets en sus manos, que sienten su fuerza como mayoría, que ven por doquier promesas de «democratización» de la vida, que saben que la democracia es la dominación de la ma- yoría sobre la minoría ( y no al revés , como quieren los capitalistas), que tratan de mejorar sus condiciones de vida solo desde el comienzo de la revolución —y no en todas partes— y no desde el comienzo de

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