1917

145 pudo luchar contra la guerra preparando la revolución contra el zar y su derrocamiento. Y así fue. La historia se los confirmó ayer y se los confirmará mañana. Hace ya mucho que dijimos: hay que ayudar a la creciente revolución rusa. Lo dijimos a fines de 1914. Por decirlo, nuestros diputados a la Duma fueron desterrados a Si- beria. Pero se nos decía: «No dan una respuesta. ¡Hablan de la revo- lución cuando han cesado las huelgas, cuando los diputados están en presidio, cuando no se publica ni un solo periódico!». Y se nos acusaba de que rehuíamos la respuesta. Oímos esas acusaciones, camaradas, durante muchos años. Y respondíamos: «Pueden in- dignarse, pero mientras el zar no sea derrocado, no se podrá hacer nada contra la guerra». Y nuestra predicción se ha confirmado. No se ha cumplido plenamente todavía, pero ha empezado ya a cum- plirse. La revolución comienza a cambiar el carácter de la guerra por parte de Rusia. Los capitalistas prosiguen aún la guerra, y nosotros decimos: la guerra no podrá cesar hasta que no llegue la revolución obrera en varios países, pues siguen en el poder hombres que quieren esta guerra. Se nos dice: «Todo parece dormido en una serie de países. En Alemania, todos los socialistas están unánimemente a favor de la guerra; Liebknecht es el único que está en contra». Yo respondo: este Liebknecht, único, representa a la clase obrera, solo en él, en sus par- tidarios, en el proletariado alemán está la esperanza de todos. ¿No lo creen? ¡Continuad la guerra! No hay otro camino. ¡Si no creen en Liebknecht, si no creen en la revolución de los obreros, en la revolu- ción que está madurando; si no creen en eso, crean a los capitalistas! En esta guerra no triunfará nadie, excepto la revolución obrera en varios países. La guerra no es un juguete, la guerra es una cosa inaudita, cuesta millones de víctimas y no es tan fácil terminarla. Los soldados que están en el frente no pueden separar el frente y el Estado y buscar una salida a su manera. Los soldados que están en el frente son una parte del país. Mientras el Estado guerree, sufrirá también el frente. No hay nada que hacer. La guerra ha sido provocada por las clases dominantes y la terminará únicamente la revolución de la clase obrera. De cómo se desarrolle la revolu- ción depende el que reciban pronto la paz. Por sensibles que sean las cosas que se afirmen, por mucho que les digan: «Pongamos fin

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