1917
142 es prepararse para la futura guerra con Japón. El pueblo norteame- ricano, no obstante, goza de una libertad considerable, y es difícil suponer que soporte el servicio militar obligatorio, la creación de un ejército para determinados fines de conquista, para la lucha con Japón, por ejemplo. Los norteamericanos ven en el ejemplo de Eu- ropa a dónde conduce eso. Y los capitalistas norteamericanos han necesitado intervenir en esta guerra para contar con un pretexto que les permita crear un fuerte ejército regular, ocultándose tras los altos ideales de la lucha por los derechos de las pequeñas naciones. Los campesinos se niegan a entregar trigo a cambio de dinero y exigen aperos, calzado y ropa. Esta decisión encierra una parte in- mensa de verdad extraordinariamente profunda. En efecto, el país ha llegado a una ruina tal que en Rusia se observa, aunque en menor grado, lo que ocurre hace ya mucho en otros países: el dinero ha perdido su poder. La marcha de los acontecimientos socava hasta tal extremo la dominación del capitalismo que los campesinos, por ejemplo, se niegan a aceptar el dinero. Dicen: «¿Para qué lo que- remos?». Y tienen razón. La dominación del capitalismo no se ve socavada porque alguien quiera conquistar el poder. La «conquista» del poder sería un disparate. Sería imposible acabar con la domina- ción del capitalismo si no condujese a ello todo el desarrollo econó- mico de los países capitalistas. La guerra ha acelerado este proceso, y eso ha hecho imposible el capitalismo. No habría fuerza capaz de destruir el capitalismo si no lo socavara y horadara la historia. He aquí un ejemplo patentísimo. Ese campesino expresa lo que observan todos: el poder del dinero ha sido minado. La única salida de esta situación es que los Soviets de Diputados Obreros y Campesinos acuerden dar aperos, calzado y ropa a cambio de trigo. Hacia eso marchan las cosas, esa es la respuesta que sugiere la vida. Sin eso, decenas de millones de personas deberán seguir ham- brientas, descalzas y desnudas. Decenas de millones de personas se hallan a punto de perecer y en esa situación no cabe proteger los in- tereses de los capitalistas. La única salida está en el paso de todo el poder a los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos, que representan a la mayoría de la población. Es posible que al pro- ceder así se cometan errores. Nadie asegura que se pueda realizar de
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