1917
141 porque tenemos en cuenta a las grandes masas, a las que se lanzan calumnias contra nosotros. Pero de esto ni siquiera cabe hablar en serio. Es imposible poner fin a la guerra que hacen los capitalistas de todos los países sin llevar a cabo la revolución obrera contra esos capitalistas. Mientras el control no pase del terreno de las frases al terreno de los hechos, mientras el gobierno de los capitalistas no sea sustituido con el gobierno del proletariado revolucionario, el gobierno estará condenado a decir únicamente: pereceremos, pe- receremos, pereceremos. En la «libre» Inglaterra se encarcela ahora a los socialistas porque dicen lo mismo que yo. En Alemania está en la cárcel Liebknecht, que ha dicho lo mismo que digo yo; en Austria está encarcelado Friedrich Adler (quizá lo hayan ejecutado ya), que ha dicho lo mismo por medio de un revólver. Las masas obreras de todos los países simpatizan con esos socialistas, y no con los que han desertado al campo de sus capitalistas. La revolución obrera crece en el mundo entero. Naturalmente, en otros países le es más difícil. Allí no hay medio locos como Nicolás y Rasputin. Allí están al frente de la administración pública los mejores hom- bres de su clase. Allí no existen condiciones para una revolución contra la autocracia, allí existe ya el gobierno de la clase capitalista. Y son los representantes de más talento de esta clase los que go- biernan allí desde hace mucho. De allí que la revolución, aunque no haya llegado todavía, sea allí inevitable por muchos revolucio- narios que caigan, aunque caiga Friedrich Adler, aunque caiga Karl Liebknecht. El futuro les pertenece y los obreros de todos los países les apoyan. Y los obreros de todos los países deben triunfar. En cuanto a la entrada de Norteamérica en la guerra, he de deciros lo siguiente. Se invoca el hecho de que en Norteamérica hay democracia, de que allí existe la Casa Blanca. Yo digo: la esclavitud fue abolida hace medio siglo. La guerra contra la esclavitud finalizó en 1865. Pero desde entonces han aparecido allí los multimillona- rios, que tienen en su puño financiero a toda Norteamérica, pre- paran la estrangulación de México y llegarán a una guerra inevitable con Japón por el reparto del Océano Pacífico. Esta guerra se está ges- tando desde hace ya varios decenios. Todas las publicaciones hablan de ella. Y el objetivo real de la entrada de Norteamérica en la guerra
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