1917
140 palabras control estatal, control social y nombramiento de sena- dores. Los industriales han saqueado toda Rusia en los dos meses transcurridos después de la revolución. El capital ha amasado cente- nares de porcentajes de beneficio, cada balance lo prueba. Y cuando los obreros, en dos meses de revolución, han tenido la «insolencia» de decir qué quieren y vivir como personas, toda la prensa capitalista del país ha empezado a aullar. Cada número de Reich es un aullido salvaje proclamando que los obreros saquean el país, en tanto que nosotros prometemos únicamente el control contra los capitalistas. ¿No se puede prometer menos y hacer más? Si lo que quieren es un control burocrático, un control a través de organismos como los de antes, nuestro partido expresa su profundo convencimiento de que no se les puede apoyar en esta empresa, aunque allá, en el gobierno, hubiera una docena de ministros populistas y mencheviques en vez de media docena. El control puede efectuarlo únicamente el pueblo mismo. Ustedes deben organizar el control —Soviets de empleados de la banca, Soviets de ingenieros, Soviets de obreros— y empezarlo mañana mismo. Hay que exigir responsabilidades a cada funcio- nario, bajo amenaza de sanciones penales, en el caso de que facilite datos falsos a cualquiera de estos organismos. Está en juego la vida del país. Queremos saber cuánto trigo hay, cuántas materias primas y cuánta mano de obra existe y cómo emplearlos. Paso a la última cuestión: cómo poner fin a la guerra. Se nos atribuye el absurdo de querer una paz por separado. Los bandidos capitalistas alemanes dan pasos hacia la paz, diciendo: te daré un pedacito de Turquía y Armenia si tú me das tierras metalíferas. ¡De eso hablan los diplomáticos en cada ciudad neutral! Eso lo sabe todo el mundo, aunque se encubran con frases diplomáticas con- vencionales. Para eso son diplomáticos: para hablar en un lenguaje diplomático. ¡Qué insensatez decir que somos partidarios de poner fin a la guerra con una paz por separado! Terminar mediante la renuncia a las hostilidades por una de las partes beligerantes una guerra que hacen los capitalistas de todas las potencias más ricas, una guerra engendrada por la historia decenal del desarrollo eco- nómico, es tan estúpido que nos parece ridículo incluso refutarlo. Y si hemos escrito especialmente una resolución para refutarlo es
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