1917
139 y Soldados, lo tomarían, efectivamente; mas, aun así, no todo: no lo necesitan. Tomarían una gran parte de las ganancias. Ningún otro poder público puede hacerlo. Y en cuanto al ministro Skóbelev, él puede tener lo mejores deseos. Conozco desde hace varios decenios esos partidos, llevo ya treinta años en el movimiento revolucionario. Por eso, lo que menos se me ocurre es dudar de sus buenas inten- ciones. Mas no se trata de eso, no se trata de sus buenas intenciones. El infierno está empedrado de buenas intenciones. Y todas las ofi- cinas están llenas de papeles firmados por los ciudadanos ministros, sin que por ello hayan cambiado las cosas. ¡Empiecen, si quieren implantar el control, empiecen! Nuestro programa es tal que, al leer el discurso de Skóbelev, podemos decir: no exigimos nada más. Somos mucho más moderados que el ministro Skóbelev. Él pro- pone el control y el 100%. Nosotros no queremos tomar el 100% y decimos: «Hasta que no empiecen a hacer algo no les creemos». En eso consiste la diferencia entre ellos y nosotros: en que nosotros no creemos en las palabras ni en las promesas y no aconsejamos a los demás que crean. La experiencia de las repúblicas parlamentarias nos enseña que no se pueden creer las declaraciones de papel. Si quieren el control, hay que empezarlo. Es suficiente un solo día para promulgar la ley que establezca ese control. El Soviet de empleados de cada banco, el Soviet de obreros de cada fábrica y cada partido tendrán derecho de control. ¡Eso es imposible, se nos dirá, eso es secreto comercial, es la sacrosanta propiedad privada! Bien, como quieran, elijan una de las dos cosas. Si quieren proteger todos esos libros, cuentas y operaciones de los trusts , no hay por qué charlata- near del control, no hay por qué decir que el país perece. La situación en Alemania es todavía peor. En Rusia se puede conseguir pan, en Alemania es imposible. En Rusia se pueden hacer muchas cosas con organización. En Alemania no se puede hacer ya nada. No hay ya pan y el perecimiento de todo el pueblo es inevi- table. Ahora se escribe que Rusia está a punto de perecer. Si esto es así, proteger la «sacrosanta» propiedad privada constituye un crimen. Y por ello, ¿qué significan las palabras sobre el control? ¿Se han olvidado, acaso, que también Nicolás Románov escribió mucho acerca del control? En sus documentos encontrarán mil veces las
RkJQdWJsaXNoZXIy MTA3MTQ=