1917
138 crearlas, a pesar de toda su excesiva confianza en el gobierno de los capitalistas, a pesar de ese terrible embrollo, de ese terrible fraude que implica el concepto mismo de «defensismo revolucionario», a pesar de que apoyan el empréstito, de que apoyan al gobierno de la guerra imperialista. Esas organizaciones son los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos, que en numerosísimas localidades de Rusia han ido mucho más lejos en su labor que en Petrogrado. Y es completamente natural, porque en Petrogrado tenemos el órgano central de los capitalistas. Y cuando Skóbelev dijo ayer en su discurso: Nos apodera- remos de todos los beneficios, tomaremos el 100%, exageró, exa- geró al estilo ministerial. Si leen el periódico Riech de hoy, verán cómo fue acogido este pasaje del discurso de Skóbelev. Allí se dice: «¡Pero eso es el hambre, es la muerte, el 100% significa todo!» El ministro Skóbelev va más lejos que el bolchevique más extremista. Es una calumnia decir que los bolcheviques somos los más izquier- distas. El ministro Skóbelev es mucho más «izquierdista». A mí se me insultó con las palabras más soeces, diciendo que había pro- puesto poco menos que desnudar a los capitalistas. Por lo menos, Shulguín dijo: «¡Que nos desnuden!». Imaginen a un bolchevique que se acerca al ciudadano Shulguín y empieza a desnudarlo. Podría haber acusado de eso con mayor éxito al ministro Skóbelev. Noso- tros jamás hemos ido tan lejos. Jamás hemos propuesto tomar el 100% de los beneficios. De todos modos, esta promesa es valiosa. Si toman la resolución de nuestro partido, verán que en ella pro- ponemos, en forma más argumentada, lo mismo que propuse yo. Debe establecerse el control sobre los bancos y, después, un justo impuesto de utilidades. ¡Y nada más! Skóbelev propone tomar cien kopeks de cada rublo. No hemos propuesto ni proponemos nada semejante. Y el propio Skóbelev ha exagerado, simplemente. No se propone en serio hacer eso. Y si se lo propone, no podrá ha- cerlo, por la sencilla razón de que prometer eso después de haberse hecho amigo de Teréschenko y Konoválov resultará un poco ridí- culo. Se puede tomar de los millonarios el ochenta o el noventa por ciento de las ganancias, pero no yendo del brazo de tales mi- nistros. Si el poder lo tuvieran los Soviets de Diputados Obreros
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