1917

137 implanten la cultura, el orden y la civilización, como lo hizo Liájov en Persia, como lo hicieron las tropas «republicanas» francesas, que ex- terminaron con igual ferocidad a los pueblos de África. ¿No es igual, acaso? Es el mismo «defensismo revolucionario», solo que manifes- tado por las grandes masas populares inconscientes, que no ven los vínculos de la guerra con el gobierno, que ignoran que esta política ha sido refrendada por los tratados. Los tratados siguen existiendo, los bancos siguen existiendo, las concesiones siguen existiendo. En Rusia se encuentran en el gobierno los mejores hombres de su clase, pero ello no ha hecho cambiar absolutamente en nada el carácter de la guerra mundial. El nuevo «defensismo revolucionario» no significa otra cosa que encubrir, con el gran concepto de revolución, la guerra sucia y sangrienta por culpa de sucios y repugnantes tratados. La revolución rusa no ha modificado el carácter de la guerra, pero ha creado organizaciones que no hay ni ha habido en ningún país en la mayoría de las revoluciones de Occidente. La mayoría de las revoluciones se limitaron a que saliera de ellas un nuevo go- bierno semejante al de nuestros Teréschenko y Konoválov, mien- tras que el país permanecía en la pasividad y la desorganización. La revolución rusa ha ido más lejos. En este hecho se encuentra el germen de que pueda vencer a la guerra. Este hecho consiste en que, además del gobierno de ministros «casi socialistas», del go- bierno de la guerra imperialista, del gobierno de la ofensiva, del gobierno ligado al capital anglo-francés; en que, además de eso e independientemente de eso, tenemos en toda Rusia una red de Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos. He ahí la revolución que no ha dicho todavía su última palabra. He ahí la re- volución que no ha habido, en condiciones semejantes, en Europa Occidental. He ahí las organizaciones de las clases que no necesitan efectivamente las anexiones, que no han depositado millones en los bancos y que, sin duda, no están interesadas en si se han repar- tido equitativamente Persia el coronel ruso Liájov y el embajador liberal inglés. En eso está la garantía de que esta revolución puede ir más lejos. La garantía está en que las clases no interesadas de verdad en las anexiones han sabido crear organizaciones en las que se hallan representadas las masas de las clases oprimidas; han sabido

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