1917

131 las anexiones, porque toda la historia de Rusia, de Inglaterra y de Alemania, es una guerra continua, cruenta y despiadada, por las anexiones. En Persia, en África, han hecho guerras sin cuartel los li- berales, los mismos que han apaleado a los «delincuentes» políticos en la India por atreverse a formular reivindicaciones semejantes a aquellas por las que se luchaba en Rusia. También las tropas colo- niales francesas han oprimido a los pueblos. ¡Ahí tienen la historia precedente, la verdadera historia del despojo inaudito! ¡Ahí tienen la política de esas clases cuya continuación es la guerra actual! Ahí tienen por qué, en la cuestión de las anexiones, no pueden dar la respuesta que damos nosotros cuando decimos: todo pueblo que está unido a otro no por voluntad expresa de la mayoría, sino por decreto del zar o del gobierno, es un pueblo anexado, un pueblo conquistado. Renunciar a las anexiones significa conceder a cada pueblo el derecho a formar un Estado aparte, o a vivir en unión con quienquiera. Semejante respuesta está completamente clara para todo obrero más o menos consciente. En cualquiera de las decenas de resoluciones que se aprueban, y que se publican, aunque sea en el periódico Zemliá i Volia 5 , en- contrarán una respuesta mal expresada: no queremos la guerra para dominar a otros pueblos, luchamos por nuestra libertad; así hablan todos los obreros y campesinos, expresando de esta forma la opinión del obrero, la opinión del trabajador acerca de cómo en- tienden ellos la guerra. Con esto quieren decir: si la guerra se hiciera en interés de los trabajadores contra los explotadores, estaríamos a favor de la guerra. También nosotros estaríamos entonces a favor de la guerra, y ni un solo partido revolucionario podría estar en contra de semejante guerra. Los autores de esas numerosas resoluciones no tienen razón, porque se imaginan las cosas como si fueran ellos los que hacen la guerra. Nosotros, los soldados; nosotros, los obreros; nosotros, los campesinos, luchamos por nuestra libertad. Jamás ol- vidaré la pregunta que me hizo uno de ellos después de un mitin: «¿Por qué está arremetiendo constantemente contra los capitalistas? ¿Es que yo soy capitalista? Nosotros somos obreros, defendemos 5 Diario editado en Petrogrado por el comité local de los eseristas, circuló entre marzo y octubre de 1917 [N. del E.].

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