1917
126 métodos de los que escribía hace ya ochenta años Clausewitz, mencionado por mí al comienzo, el cual ridiculizaba ya entonces el punto de vista de los que piensan: ¡vivían los pueblos en paz y luego se han peleado! ¡Como si eso fuese verdad! ¿Es que se puede explicar la guerra sin relacionarla con la política precedente de este o aquel Estado, de este o aquel sistema de Estados, de estas o aquellas clases? Repito una vez más: esta es la uestión cardinal, que siempre se olvida, y cuya incomprensión hace que de diez discu- siones sobre la guerra, nueve resulten una disputa vana y mera pa- labrería. Nosotros decimos: si ustedes no han estudiado la política practicada por ambos grupos de potencias beligerantes durante decenios —para evitar casualidades, para no escoger ejemplos aislados—, ¡si no han demostrado la ligazón de esta guerra con la política precedente, no han entendido nada de esta guerra! Y esa política nos muestra a cada paso una sola cosa: la ince- sante rivalidad económica de los dos mayores gigantes del mundo, de dos economías capitalistas. De un lado, Inglaterra, Estado que es dueño de la mayor parte del globo, Estado que ocupa el primer lugar por sus riquezas, amasadas no tanto por el esfuerzo de sus obreros como, principalmente, por la explotación de un infinito número de colonias, por la inmensa fuerza de los bancos ingleses. Estos bancos han formado, a la cabeza de todos los demás, un grupo de bancos-gigantes, insignificante por su número —tres, cuatro o cinco—, que manejan centenares de miles de millones de rublos, de tal suerte que puede decirse sin ninguna exageración: no hay un trozo de tierra en todo el globo en el que este capital no haya cla- vado su pesada garra, no hay un trozo de tierra que no esté envuelto por miles de hilos del capital inglés. Este capital alcanzó tales pro- porciones a finales del siglo XIX y principios del XX, que trasladó su actividad mucho más allá de los límites de cada país, formando un grupo de bancos gigantes con una riqueza inaudita. Valiéndose de ese número insignificante de bancos, este capital envolvió al mundo entero con una red de centenares de miles de millones de rublos. He ahí lo fundamental en la política económica de Inglaterra y en la política económica de Francia, de la que los propios escritores
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