1917
125 blicana defendiera también ahora su libertad contra la monarquía. Olvidan una «pequeña» circunstancia: que entonces, en 1792, la guerra de Francia la hacía la clase revolucionaria, que había llevado a cabo una revolución sin precedente, que había destruido hasta los cimientos, con el heroísmo inaudito de las masas, la monarquía fran- cesa y se había alzado contra la Europa monárquica coaligada, sin perseguir otra finalidad que la de continuar su lucha revolucionaria. La guerra en Francia fue la continuación de la política de la clase revolucionaria que hizo la revolución, conquistó la repú- blica, ajustó las cuentas a los capitalistas y terratenientes franceses con una energía jamás vista, y que en nombre de esa política, de su continuación, sostuvo la guerra revolucionaria contra la Europa monárquica coaligada. Pero ahora nos encontramos, ante la unión de dos grupos de potencias capitalistas. Nos encontramos ante las más grandes po- tencias capitalistas del mundo —Inglaterra, Francia, Norteamérica y Alemania—, cuya política en el curso de varios decenios ha con- sistido en una rivalidad económica ininterrumpida por dominar en el mundo entero, estrangular a las naciones pequeñas, asegurar beneficios triplicados y decuplicados al capital bancario, que ha en- cadenado a todo el mundo con su influencia. En esto consiste la verdadera política de Inglaterra y Alemania. Lo subrayo. Jamás hay que cansarse de subrayarlo, porque si lo echamos en olvido, no po- dremos comprender nada de la guerra contemporánea y nos halla- remos indefensos, a merced de cualquier periodista burgués que nos quiera embaucar con frases embusteras. La política auténtica de ambos grupos de los mayores gi- gantes capitalistas —Inglaterra y Alemania, que, con sus aliados, arremetieron la una contra la otra—, practicada durante décadas antes del conflicto, debe ser estudiada y comprendida en su con- junto. Si no lo hiciéramos así, olvidaríamos la exigencia principal del socialismo científico y de toda la ciencia social en general y, además, nos privaríamos de la posibilidad de comprender la guerra actual. Caeríamos en poder de Miliukov, embaucador que atiza el chovinismo y el odio de un pueblo contra otro con mé- todos que se emplean en todas partes, sin excepción alguna, con
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